Pudo ser un disco de Gal Costa descatalogado. Un recopilatorio de pop californiano de 1964. Quizá una selección de las divas de Motown. Pero Inara y Greg prefirieron virar su atención hacia aquel álbum que no dejó de sonar en su carro durante el último año. Una colección de singles que se mantiene rotando en las radios de todo el mundo desde los años 70, que inevitablemente se han mimetizado con el espacio, que ya son uno solo con las cafeterías y las salas de espera. Las canciones de Hall & Oates no son casualidades del estudio de grabación, escapan también al one-hit wonder, coquetean con el temible rótulo de AOR, pueden ser kitsch o cool según se les oiga, podrían convertirse fácilmente en el fetiche de algún fan del Genesis post Gabriel. Digamos, para resolver el asunto, que estamos ante el pop en estado primigenio. Ni más ni menos.
Melodías puras y sencillas. El talento para el hook preciso. Ese que se adhiere a tus pensamientos y que solo puede abandonarte en forma de tarareo inconsciente en cualquier lugar. Coros y estribillos que se apoderaron de las frecuencias moduladas y los corazones melómanos y que ahora constituyen la esencia del nuevo disco de The Bird and The Bee. Alejado de la parodia o de la pirotecnia tecnológica, no estamos ante un álbum de remixes destinado a las discotecas sin alma. No, perviven en esta grabación la esencia de los temas originales, los arreglos y los tempos, incluso se imita la interpretación de Hall. El dúo cosmopolita cae rendido y refleja el soul del siglo pasado. Ese que brilla eternamente en la simpleza del “I miss you, baby”.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Comprobando el estado de parálisis permanente que atraviesa la mayoría de los MC’s, la palabra la vuelve a tomar una lady. Continuando la senda de intensidad hecha beat trazada por Santigold y M.I.A. llega esta dosis refrescante de sampleos acelerados desde Florida. Sonidos de evidente inspiración ochentera para sacudir los cuerpos y alterarlo todo en la pista de baile.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
big
Todo es intermitente. Se va construyendo. Un Dios ocioso mira el camino. Las estrellas oscilan sin sentido y las ciudades reflejan su brillo. Ha aparecido el rojo tímidamente en nuestra trayectoria y un poco más tarde el azul asume el protagonismo. El sonido retumba en los oídos y embriaga la creación. No hay ningún orden establecido y nos desplazamos como ondas. Un paso más y perderemos el control.
bang
Escuchamos el viejo relato alrededor de la ceniza. El templo está cerrado. Dios ya no nos observa desde el faro. El lenguaje da vida y en ocasiones el adjetivo mata. Encendemos el fuego para poder olvidar. Todos los colores invaden nuestro corazón y perturban nuestra visión. El sol se extingue lentamente a lo lejos.
Un nuevo episodio discográfico de She & Him está próximo a editarse. Volume Two espera renovar las expectativas en la dupla Deschanel–Ward luego del bellísimo catálogo de canciones pop que entregaron en su álbum debut. “In the Sun” da buenas razones para reincidir en nuestra Zooey dependencia. Tratándose de un video musical que transcurre en los salones y corredores colegiales y que incurre en casi todos los estereotipos del género: coreografías alegres que incluyen a todas las sangres y todos los colores, la niña buena e inocente y el chico rebelde y disconforme, un ejército de hula hulas… Zooey sale bien librada del asunto con su toque personal: sonrisas a discreción y un guiño coqueto a la cámara. Además, como nos tiene acostumbrados, le da brillo a la vida luciendo mallas oscuras. Afortunadamente en el video no hay rastros de globos rojos, ni de Ben Gibbard.
Estar en la periferia y añorar el continente. Vivir en uno de los países más desarrollados del mundo y no permitir que eso anule tu sensibilidad. Consumir con devoción el riquísimo legado cultural francés y pretender (muy al estilo de la relación UK–USA) elaborar algo distinto que evite el cliché. Sonar cosmopolita y elegante cuando solo se ha mirado Louvre a través de Godard.
Guy Poplin acomete la ambiciosa tarea de aprehender la esencia del sonido galo desde Singapur. Sin caer en el disfuerzo, pasea con naturalidad por las calles parisinas y recoge el pulso de la ciudad: embriagándose de chanson, capturando la frescura y calidez de los arreglos y las instrumentaciones de Gainsbourg. Absorbe el ánimo juguetón y rupturista de la nouvelle vague para incorporar en un delicado collage: bossa nova, chamber pop y jazz. Toma una fotografía a contraluz y queda alelado por el cerquillo caprichoso de una chica yéyé.
La mujer es el centro de esta obra. O mejor dicho cuatro mujeres que se corresponden con cada una de las canciones que la componen. Las imágenes se alternan y los escenarios, como las emociones, van cambiando. El esteta solo observa. Ellas susurran su alegría y tararean la esperanza. Las melodías son colores tan vistosos como los vestidos orientales que reflejan el sol de marzo. El compositor busca desesperadamente una oquedad para poder callar.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Debe haber algo irrefrenablemente placentero en imaginar el modo en que un día los seres humanos terminaremos por despedazarnos los unos a los otros. Y, desde luego, en cómo sería la vida después de ello (si es que aún hay vida, claro). De otro modo, no existirían tantas fantasías post apocalípticas trajinando el dilatado imaginario de la cultura pop. Pulsión de muerte, que le llaman. Demasiados libros y películas ya han abundado en el tema como para perder el tiempo en explicaciones que no son tales. Y como la historia está constantemente plagiando a la ficción, cualquiera que haya visto alguna cinta de la saga Planet of the Apes sabe lo que va a pasar: viajaremos por el espacio-tiempo, perderemos las coordenadas del centro más próximo y así, rodeados de osciloscopios, extraviados de nosotros mismos, llegaremos a un planeta que entonces tomaremos por desconocido. La naturaleza inhóspita del lugar, el aire enviciado, la superficie desértica y ese océano sombrío nos engañarán por un tiempo e intentaremos consolarnos evocando nuestro reino perdido. Pero luego, abrumados por los indicios, sabremos que no pisamos un planeta extraño, que siempre estuvimos en casa.
Comentarios recientes