Pasear por tu ciudad y luego reconstruirla mediante la música y las palabras. Hacer de ese lugar conocido el leitmotiv de tu discurso. Llevar la rutina citadina a la pista de baile para allí aliviar el sinsentido de la vida moderna. Los discos de pop desde siempre cantan la épica de los suburbios, de los conjuntos habitacionales urbanos y de los rincones anónimos; los habitantes de estos espacios desenfocados y grises, ganados por la apatía y el consumismo, solo pueden escapar a su destino gracias a la pasión: una vía de escape podría ser traducir ese descontento en una melodía o en el coro de una canción; otra quizás sea el fútbol. Buena parte del pop británico hizo caso a esta máxima y la llevó al disco durante la década de los noventa.

Afortunadamente, Saint Etienne sobrevivió a esa belle époque y a los pronósticos entusiastas de NME. Luego de la batalla mediática entre los representantes de la clase media y la clase obrera (léase Blur y Oasis), Londres sigue en pie y continua siendo la musa del trío y los sintetizadores y la parafernalia electrónica la herramienta principal para iluminar los blocks de la capital inglesa. Planeando entre el desencanto de las primeras horas del día y la catarsis que ofrece la aventura nocturna, y en sintonía con las propuestas de New Order o Pet Shop Boys, la banda de Sarah Cracknell disipa la niebla, y como si fuera la antorcha artificial que en estos días pasea por sus calles, le ofrece nuevamente una posibilidad de redención.

Saint Etienne “Last Days of Disco”
Del álbum Words And Music By Saint Etienne (2012)

Hace unos años se hacían llamar My Little Pony y preferían ambientes más bucólicos y retraídos. Ahora han abandonado la abulia del pasado y se han rebautizado en las aguas benditas de la Motown. La muchachada nórdica lanza los vientos, las cuerdas y los arreglos brillantes para reclamar el lugar que B&S prefirió desechar. Los reproches y los gestos lánguidos abandonan el salón, aquí solo queda espacio para el baile y la diversión.

Making Marks “Hard To Be Good”

Si High Llamas organizó un luau sideral inspirado por Brian Wilson y The Flaming Lips articuló un flower pop de alta definición, quizás no sea exagerado afirmar que el equivalente al Bosón de Higgs para los melómanos debe encontrarse en los discos de The Beach Boys, Love y otros cómplices de las armonías solares.

Se puede corroborar fácilmente que pese a todos sus esforzados intentos por la autodestrucción, el hombre no ha dejado de silbar ni tampoco de evocar California como una tabla de salvación. Las melodías de Levek pasean despreocupadamente por un limbo dorado, por la intersección de los 60’s y 70’s y las voces se balancean entre ritmos que oscilan entre lo pastoral y lo funky: las olas del mar traen la resaca de un tiempo circular hacia ti mientras estás tumbado en el centro de tu habitación.

Levek “Black Mold Grow”
Del álbum Look a Little Closer (2012)

Una de las cosas que más extraño de los regímenes comunistas europeos es que siempre mostraron una especial preocupación por presentar impecables delegaciones femeninas de gimnasia olímpica. Ver el despliegue de esos cuerpos enmallados en las distintas pruebas era un placer inmenso: cintas, anillos, taburetes y plataformas convertidos en el escenario glorioso para movimientos que desafiaban la gravedad y la elasticidad de los músculos. Un sentido de la estética y la belleza llevadas a un nuevo nivel por las graciosas siluetas que Europa del Este ostentaba con orgullo frente al mundo entero. La Cortina de Hierro era derribada con coquetería por las infinitas contorsiones de las entrañables rumanas. El pulso y la respiración se detenían cada vez que una estilizada rusa ensayaba un doble mortal que terminaba con cualquier tipo de censura o bloqueo político. Ante nuestros ojos desfilaba un contingente de diosas que hermanaban armonía y libertad en cada una de sus presentaciones. Luego el imaginario popular masculino se encargaría de extrapolar ese despliegue físico y talento para la postura imposible a un terreno más íntimo y tan competitivo como el deportivo.

El recuerdo de aquellas anatomías virtuosas es invocado en este video de los franceses Juveniles. Un club en decadencia es el campo de entrenamiento para un grupo de aspirantes al cetro de la inimitable Comaneci. En el exilio posterior a las reformas cantadas por Scorpions, un híbrido entre Mourinho y Mostaza Merlo tiene la penosa tarea de instruir y modelar en el arte de la flexión y la disciplina de antaño a esta galería de novatas. Sin embargo, el tiempo ha transcurrido y los bloques han caído: teclados ochenteros anuncian que las estructuras en las que creíamos y pensábamos inamovibles estaban desde siempre condenadas al fracaso y que el sueño de una sociedad en perfecto equilibrio era tan frágil y mortal como ella en su actuación en Moscú 1980. Solo me queda sonreír frente a tu póster, querida Nadia.

Juveniles “Through the Night”
Del EP Juveniles (2012)

Piensas en Finlandia y un iceberg puede aparecer frente a ti. Recreas la imagen del Círculo Polar Ártico y quizás sientas que la sangre ha dejado de fluir. También recuerdas que te hablaron de sus veranos interminables y la utopía de un sol que jamás parecía ocultarse. Si te esfuerzas un poco más, probablemente te enteres que los fineses cuentan con el mejor sistema educativo del mundo.

Buscas las razones para explicar por qué esa banda de tierras tan alejadas y extremas produce la mejor música del momento. Tal vez consideres que Mattias Bjorkas, el compositor de estos mininos candentes, concentra todas las virtudes de The Smiths y The Go-Betweens, y desafortunadamente también sus defectos, en especial por su corte de cabello. Bailarás o susurrarás piezas melancólicas, y no creerás que ellas se puedan referir al eurocentrismo o a la capacidad del arte para imitar al fútbol. Pareciera que estuviéramos hablando de un nuevo Jarvis Cocker, pero lo cierto es que no estamos ante unos debutantes (llevan tres álbumes editados a la fecha) y que su sonido se decanta en esta ocasión por el pop de cámara: menos sintetizadores que en el pasado y cuerdas clasicistas para abrigar sus cálidas melodías. Una mirada lúcida desde los extramuros del continente sobre lo que ocurre en el corazón de un imperio que se viene abajo, y que no olvida al mismo tiempo la importancia de saber combinar tu vestimenta. En conclusión, todo lo que necesitas saber de la vida encapsulado en el formato de una canción.

Cats On Fire “There Goes The Alarm”
Del álbum All Blackshirts To Me (2012)