
En una carta abierta publicada hace unos días, Billy Corgan se proclama como el mesías del rock alternativo, y declara el nuevo disco de los Smashing Pumpkins, Zeitgeist (“espíritu de la época” en alemán: yo también leo a Google), como el non plus ultra (“ya no ya” en latín) de la música contemporánea. Tan ensimismado está en su propia grandeza el pelado, que escribe mal el nombre de su baterista y veintiúnico sobreviviente de la agrupación original (es Chamberlin, oe), y ni siquiera se acuerda, o no quiere acordarse, de cómo se llaman los nuevos miembros de su banda. A continuación les ofrecemos la traducción de tan memorable asesinato a la modestia:
10 de julio de 2007
Queridos Amigos,
Hoy es el día más grande que hayan conocido.
Hace siete años, siete meses y diez días, el reloj marcó la medianoche del 2000, y el mundo empezó a girar más rápido. En ese entonces, desbandé a los Smashing Pumpkins porque el nuevo milenio lo demandaba. Una nueva era necesitaba un nuevo comienzo –limpieza y unidad, no el desastre confundido y confuso en que había dejado que la banda se convirtiera.
Alguna vez fuimos la banda más importante del mundo, y todos –yo, tú, Courtney Love– lo sabíamos. Los Smashing Pumpkins trazaron la línea que unió los puntos entre Black Sabbath, los Bee Gees y The Cure, y esa línea capturó a una generación como una correa alrededor del cuello de un cachorrito indomable. Nosotros fundamos la Nación Alternativa, y los chicos y los anunciadores se agolparon en derredor. Pero como la banda se había hinchado y se había vuelto arrogante y testaruda, y porque creció fuera de mi control, tenía que morir. La maté antes de que me matara.
Y ahora, después de todos esos años de oscuridad autoimpuesta, de proyectos paralelos plagados de mediocridad y demasiados guitarristas, yo nos reuno, aquí, en la esquina de Avenida Futuro con Calle Ahora. ¡Este es nuestro momento! ¡Este es nuestro día! ¡Este es Zeitgeist! (Eso es “Espíritu de la Época” en alemán. Créanme: he leído a Hegel.)
Esta banda siempre ha sido el faro conductor de la vertiginosa locomotora de la juventud moderna; con un título como Zeitgeist, nadie puede discutir. Yo traje de vuelta al baterista original de los Pumpkins Jimmy Chamberlain –recuperado y adorador de su seguro servidor, él es el epítome de lo que significa dar vuelta a una página– además de otra chica bajista y otro tipo en la guitarra. Zeitgeist (¡Díganlo! ¡Se siente bien!) llega esta semana, en cuatro formas diferentes: la versión de Best Buy es diferente de la versión Target es diferente de la versión iTunes, que es diferente de la versión de todos los demás. La mayoría de zeits se hubieran conformado con un solo geist, pero el nuestro exige más estrategias de marketing, así que yo ofrezco cuatro.
En cuanto a la música, los críticos no la entienden. Nunca la han entendido. Mis antiguos fans –aquellos cuyas vidas cambiaron gracias a Gish y Siamese Dream– no la entienden. Se quejan de que el sonido es demasiado denso, demasiado severo, demasiado, sí, arrogante. Pero yo le estoy hablando a la Nueva Generación, la que necesita saber que My Chemical Romance y Panic! At the Disco no pudieron haber existido sin mí. Si desean o no saberlo, no importa. Este Zeitgeist no es consensual –está aquí, lo entiendas o no.
Hace varias semanas, lancé “Tarantula” para preparar al público para la avalancha que se venía. La canción es el sonido de un ego que explota (el mío), el sonido de todo un álbum en una sola canción. Les gustará porque tiene el mismo riff de guitarra supersónico que “Cherub Rock”, y a ustedes les gustó “Cherub Rock” allá por 1993. Todavía les gusta, porque es una de las mejores canciones que se hayan grabado jamás. Pero ahora, en vez de una sola guitarra tocando un riff, hay más –muchas más– guitarras. Y más riffs. Es fabuloso, en el sentido original de la palabra. Podría asustarlos.
El temor es el efecto que busco. Temor y agotamiento. Pero “Tarantula” no es la canción más temible o agotadora del álbum. Ese honor va para “United States” –un triunfante himno adolescente que suena como el solo final de “War Pigs”, refractado y estirado a nueve minutos. Recuerden, alguna vez fui sutil: “Drown”, del soundtrack de Singles, era inquietante en su belleza minimal y disonante. Pero el Zeitgeist no tiene tiempo para sutilezas, mis amigos, y tampoco la tienen ustedes. De allí títulos de canciones como “United States” y “For God and Country” y “Pomp and Circumstance”. Si ustedes necesitan más guitarras, necesitan todavía más significado. Y yo se los traigo:
Dulces tonos murmuran veloces
Rehusen a sus anhelos, renuncien al pasado
Despiértenme pronto, el fin se acerca
De qué lado están
Su propia sangre no pueden comprar.
¡Revolución!
¡Revolución!
¡Revolución!
¡Sí! ¡Zeitgeistico!
Toda revolución necesita un contrapunto, y ese sería “Bring the Light”, la única canción con una melodía discernible y tararareable, la única canción que es remotamente accesible. Tiene una melodía que arde con el mismo conflicto adolescente que el de aquellos días del Siamese Dream. Naturalmente, sobresale: La melodía y la tararaeabilidad no son realmente el zeitgeist. Por lo menos no este Zeitgeist.
Esto es lo que deben entender: Nada ha cambiado desde 1999, excepto mi presupuesto. Y Pro Tools. Yo sigo siendo el mismo mesías del rock alternativo que alguna vez fui. Ustedes siguen siendo mi rebaño adolescente.
Confíen en mí.
Su cero,
Billy Corgan
Si después de leerla les ha quedado, como nos quedó a nosotros, la sensación de que tanta pomposa idiotez sabe a prank, a perversa broma perpetrada por alguien que no quiere mucho a Corgan, pues su sospecha es correcta: es una parodia. Genial.
Comentarios recientes