
“Los vegetarianos, y su facción tipo Hezbollah, los veganos, son un constante irritante para todo chef que valga. Para mí, la vida sin carne de ternera, grasa de cerdo, salchichas, vísceras, salsa española o incluso queso apestoso no es una vida que valga la pena vivir. Los vegetarianos son los enemigos de todo lo bueno y decente en el espíritu humano, y una afrenta para todo lo que importa para mí, el disfrute puro de la comida. El cuerpo, imaginan estos cabezas huecas, es un templo que no debería ser contaminado por la proteína animal. Es más saludable, insisten, aunque cada mesero vegetariano con el que he trabajado se ha venido abajo ante el menor asomo de un resfrío. Oh, me puedo adaptar a ellos, hurgaré por allí algo para alimentarlos, para servirles un “plato vegetariano”, si hace falta. Catorce dólares por unas cuantas rodajas de berenjena y zapallito a la parrilla se ajustan perfectamente a mis costos de ingredientes.”
Quien así se almuerza a los herbívoros de conciencia es nuestro ídolo máximo de la gastronomía gonzo, Anthony Bourdain. La pasión con la que el hombre traga todo lo que encuentra a su paso en sus viajes de exploración culinaria (y cultural) alrededor del mundo y al mismo tiempo la ironía con que observa y se observa en esos trances son tan irresistibles como una porción de anticuchos y pancita. Lástima que su incursión por el Perú no fuera precisamente de chuparse los dedos.
Bourdain no será un rock star, pero es lo más parecido a uno entre los cada vez más numerosos (y desabridos) gourmets y chefs de la pantalla chica. Y con actitud punk, además, que no sólo se refleja en la osadía de su paladar y la acidez de sus comentarios, sino también en sus gustos musicales. No por nada es fan de bandas como Dead Boys, Television, The Voidoids y Ramones (a quienes les dedicó uno de sus programas), sin contar que su disco favorito de todos los tiempos es el Fun House de los Stooges.
No debe sorprender pues que el buen Tony haya decidido invitar a los Queens of the Stone Age (probablemente inspirado en el video de “Sick Sick Sick”), para que amenicen la comilona que tendrá lugar en su propia casa con motivo del especial de fiestas (Acción de Gracias y Navidad) que está preparando. Tremendo encuentro de malogrados (recuérdese que Bourdain no sólo bebe cantidades descomunales de alcohol en su programa, sino que durante mucho tiempo, más que food junkie, fue un junkie a secas) es como para no perderse.
Aunque los detalles del especial se mantienen en, ejem, reserva, se sabe que los stoners tocaron temas como “3’s & 7’s”, “Make It Wit Chu” y la mencionada “Sick Sick Sick”, además de su propia versión del clásico navideño “Silver Bells” (convertido para la ocasión en “Turkey Bells”). Todo esto mientras el chef neoyorkino sazonaba y horneaba el pavo de rigor.
A propósito, a Bourdain se le ocurrió que sería divertido que la banda se pusiera a tono con la festividad, así que les consiguieron las chompas apropiadas. “Creo que alguien googleó la palabra “horrible” y así fue como las encontraron”, dijo Josh Homme refiriéndose a las huachafísimas prendas, y preocupado además por haber tirado al tacho “diez años de credibilidad”. A pesar de todo, terminó confesando el vocalista de los QOTSA, la experiencia valió la pena: “Si alguien nos hubiera sugerido que nos pusiéramos chompas así probablemente nos lo hubiéramos comido vivo y dejado sus huesos debajo de la mesa, pero este es un caso especial. Ese desgraciado. Nunca se lo perdonaré y nunca lo olvidaré.”
Vía Rolling Stone
Queens of the Stone Age “Sick Sick Sick”





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