



Lilly McElroy se tira sobre los hombres, pero lo hace por amor al arte. Ella es una artista visual y performer cuyo proyecto más reciente consiste en abalanzarse a los brazos del sexo opuesto y ser retratada en pleno vuelo por un fotógrafo y amigo que la acompaña en estas románticas acrobacias. Pero McElroy no agarra desprevenido a sus galanes involuntarios, a pesar de que las expresiones de éstos parezcan desmentirlo. La espontaneidad es montada. Ella recorre bares, se acerca a un hombre, le pregunta si puede tirarse sobre él, y si éste acepta, se toma la foto y luego la artista le invita un trago.
Las imágenes son fascinantes, y quizás lo sean más sin mayores explicaciones. Al ver la primera foto uno podría pensar que se trata de una mujer tan enamorada de su pareja que no puede evitar lanzarse sobre sus brazos en público. Pero luego vemos las otras tomas y pensamos, aquí hay alguien que está desesperada de sexo o de ternura, o quizás estamos ante una provocadora que busca incomodar a los hombres por un rato y burlarse acaso de su proverbial reticencia emocional. Porque si uno se fija bien, cada caballero retratado luce absolutamente atónito y paralizado. Uno se pregunta si alguno de ellos llegará a reaccionar a tiempo para coger a la chica en sus brazos, o al menos impedir que se vaya de cara contra el piso. Gajes del deseo.


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