
Pop ensoñador, una voz que acaricia. Serenidad, por favor.
Earlimart “Before It Gets Better”
Del álbum Hymn and Her (2008)

Pop ensoñador, una voz que acaricia. Serenidad, por favor.
Earlimart “Before It Gets Better”
Del álbum Hymn and Her (2008)
Podría contarla en mis propias palabras, pero creo que no lo haría mejor que el propio testigo ocular de esta anécdota oscular de Marnie Stern, así que paso a la traducción:
Había escuchado del stand de besos de Marnie Stern un par de horas antes del concierto de esta noche con Gang Gang Dance en San Francisco, y en efecto, cuando llegamos a Bimbo’s descubrimos este cartel en el puesto de merchandising:

¡A eso es a lo que me refiero!
Aparentemente, además de las multas por exceso de velocidad, también hubo de por medio ciertas infracciones relacionadas con el cinturón de seguridad, todo lo cual puede llegar a ser muy costoso. (“Michigan tenía que ser”, dijo Stern). Los besadores entendidos notarán los distintos precios: $3 por un piquito en el cachete, $10 por un beso en los labios, y $100 por el beso con lengua.
Así que… ¿hubo compradores?
Terminado el set de Marnie Stern, un número considerable de gente se amontonó alrededor de su lado del escenario, declarándole su amor y pidiéndole abrazos. Salí al vestíbulo un rato después y, para mi consternación, observé a un grupo similar de gente que, este, sólo estaba merodeando. Y aunque la oferta de los besos estaba a vista y paciencia de todos, nadie hacía más que, este, conversar incómodamente con la Stern. Y, este, comprando una camiseta, supongo. Y, este… ¿crees que podría abrazarte de nuevo?

Era atroz. Estos malditos chicos indie son una tira de Holden Caulfields mariquitas que no son capaces de mandar al diablo su temor a degradar a una chica al darle $10 por un beso, murmuraba yo para mis adentros. ¡¿Dónde quedó toda la diversión de este mundo?!
Pero después de 10 minutos, una buena señal entró al lugar. Para ser exactos: un chico alto, veinteañero, de rostro fino y grandes ojos. Camisa de cuadros holgada. Se acercó a la mesa y señaló sin temor al cartel.
“¿Está abierto el stand de besos?”, preguntó.
¡Por fin! Marnie Stern saltó de su asiento, levantó las manos en el aire y soltó un “¡wuuuu!” mientras daba un bailecito de emoción. ¡Un cliente!
El chico señaló la opción “labios”, y le entregó un billete de diez dólares a Stern, quien estaba más que dispuesta a entregar su pedido. Madre mía, vaya si recibió el valor de su compra:

¡Provecho!
Después de eso le dí el alcance. “Tenía que hacerlo”, me dijo él. “Es hermosa, ¿sabes? Estuvo riquísimo”. Tenía una sonrisa de oreja a oreja.
Por favor, nación indie rock: ¡más stands de besos!
Marnie Stern “Roads? Where We’re Going We Don’t Need Roads”
Del álbum This Is It and I Am It… (2008)

mp69
Dos maneras de entender la canción, la melodía, dos universos aparentemente irreconciliables. Una verdadera sorpresa que desde Murcia hermana La Buena Vida y My Bloody Valentine. El debut de esta banda española impresiona por sus innumerables referentes sónicos, uno de los surcos…
Klaus & Kinski “Nunca Estás a la Altura”
mp96
…muestra una veta inagotablemente romántica. Cristianismo culposo para asumir las penas del corazón, vía un bolero rotundamente naif. Marina no nos hace extrañar a Irantzu en absoluto.
Klaus & Kinski “Mengele y el Amor”
Del álbum Tu Hoguera Está Ardiendo (2008)
A veces las mejores canciones de un disco no tienen el video que se merecen. A veces los singles escogidos de un disco notable no representan de la mejor manera la calidad de éste. En ocasiones estas dos situaciones se conjugan y dejan el sinsabor de una situación desaprovechada. Portishead acaba de lanzar el tercer single promocional y video de Third, el álbum que los trajo de vuelta, y en su mejor forma, tras diez años de silencio. El retorno de la banda de Bristol seguramente aparecerá con toda justicia en la mayoría de recuentos de lo mejor del 2008: pop arriesgado (olvidémonos de la etiqueta trip hop), de programaciones avant garde, sofisticado tratado del ritmo y la melancolía, que da vuelta y reelabora el sonido que poseía el grupo hasta el momento. La espera valió la pena.
Sin embargo, todo no puede ser perfecto. Si bien la elección del primer sencillo, “Machine Gun” de bases industrialoides y austero clip del registro en vivo del tema no estaba del todo mal, y “The Rip” mejoraba el panorama con su alucinada animación en video para uno de los hitos del disco (imágenes que van de la mano con la (de)construcción de la canción y la voz de Gibbons), la edición de “Magic Doors”, definitivamente no fue la mejor opción a escoger. Apuesta por lo seguro, por el material más “convencional” y menos radical del conjunto, quizá en esto radica la decisión de Barrow y Cia. Ojo, no se trata de que el single en cuestión sea fallido o mediocre, pero hubiera sido interesante que “We Carry On”, “Plastic” o “Nylon Smile” ocuparan ese lugar de privilegio. No seamos tan exquisitos, probablemente el video compense la decepción inicial. No, el desencanto se acrecienta. John Minton, director del clip, propone un vendaval de imágenes, una ruleta rusa desbocada para ilustrar el lamento de Beth. Los espacios y símbolos se suceden uno tras otro, una vorágine y descontrol espacio-temporal se desencadena: la propuesta de Minton, probablemente, intenta mostrar el desenfrenado ritmo de vida de la sociedad posmoderna y el desarraigo que provoca en el sujeto o quizá se le fue la mano en la consola de edición, habría que preguntarle. Resultan manidos y recurrentes los recursos empleados en este video: el ciclo de descomposición de una naranja, algunas de las palabras claves del tema (”desire”, “wrong”) iluminadas como en karaoke cuando son mencionadas, un plátano –dicen warholiano- que tiene su 1.5 segundo de fama, si enfocan la vista apropiadamente hasta la Isla de Pascua pasando piola. Una lástima. El mejor disco del 2008 se merecía largamente un mejor trabajo.
Cuando Island Records lance el 12 de diciembre la versión en vinilo de “Magic Doors” habrá un valor agregado que compensará este paso en falso: el dichoso fetiche incluirá “Silence”, “Threads” y “Mysterons”, tres tomas de su maravillosa performance en el último Coachella.
Portishead “Magic Doors”
Del álbum Third (2008)
mp69
Robert E. Bradley se divierte a más no poder en el estudio de grabación. Niño travieso que juega con cajitas musicales, revisa fotografias en sepia, hojea libros de historia oriental, mientras pianos, mandolinas, campanas y acordeones hacen lo suyo. Un lado de este cuento de hadas es revelado en este fragmento, al otro lado del camino…
A Cuckoo “The Divine Plan”
mp96
Inspirada en una oscura novela victoriana, la ruta que sigue A Cuckoo sin dejar la acústica de carrusel se refugia por momentos en sonoridades que recuerdan al Massive Attack más noico.
A Cuckoo “Zanoni”
Del álbum Destination Unknown (2008)
No seré yo quien lance la primera piedra y acuse a Johnny Lydon de “venderse” al sistema y de “traicionar” al punk. Nada más lejos de mí. Y sí, todos tenemos que llevar un pan a la mesa. Pero… ¿un comercial de mantequilla? ¿La descreída voz de una generación promoviendo el consumo de un producto lácteo? ¿El subversivo Johhny Rotten siendo perseguido por vacas? Claro, no faltará quien aduzca que se trata de una provocación, de un acto de deliberado cinismo, pero, oh ironía, eso no se la cree nadie.
Quisiera seguir lamentando cómo un ícono de la rebelión se ha convertido en un ícono del resbalón, pero ya es la hora del lonchecito.
Never mind The Pistols, here’s the butter.
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