Monthly Archive for Enero, 2010

Todo por un 69

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Acid Girls “The Numbers Song”

Holly Miranda // The Magician’s Private Library

Una fotografía fue el inicio de mi obsesión. Leí tu nombre y por eufonía recordé una tarea aplazada. Comencé a seguirte: divagué hacia Madrid, pero luego aterricé en Williamsburg. Nuevamente la bohemia neoyorquina. No me preguntes la diferencia entre un bar y una librería de Brooklyn, solo sé que de vez en cuando se deja escuchar una verdad entre tanto bullicio arty. Luego apareció tu voz. Silencio. Fuegos artificiales. Ciertamente, las palabras son el inicio del control.

Te he visto en movimiento. Vincent Moon ha sido el culpable. Robar un instante cualquiera y hacerlo eterno, convertir lo cotidiano en excepción es la tarea del artífice de La Blogotheque. Tu canto desnudo y cálido, sin arreglos innecesarios. Un violín in crescendo como cómplice para ver caer la tarde.

Eras la compañera de coro de Victoria Legrand, ella a veces callaba para no desentonar a tu lado. Sales de paseo con las gemelas de Múm y Kristín te pide que cantes para que el bosque brille como nunca con tu voz. Antes de grabar, buscas a Sierra y Bianca para escuchar Grace y Bryter Layter: cierran los ojos para que el beso y la canción nunca terminen.

Melodía y vanguardia. Pop etéreo, trompetas que estallan entre arrullos y guitarras encendidas para la excursión nocturna que me propones hoy, querida Holly. Una coqueta cajita musical para que el mundo enmudezca y solo se oiga tu voz.

Holly Miranda “Joints”
Del álbum The Magician’s Private Library (2010)

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Jim Jarmusch // The Limits of Control

Al principio era la forma. Puede que me equivoque pero por un momento supongamos que no. Supongamos que al principio era la forma. Y la forma se convirtió en una historia cerrada sobre sí misma, o mejor aún, despojada de sí misma, exigua y elusiva, obstinadamente tenue, como un hilo antes de romperse. El hilo, desde luego, es el protagonista de esta historia: un hombre -¿un asesino, un extremista, un lunático?- y su inescrutable travesía desde un aeropuerto hasta una estación de tren. En el camino, una cita de Rimbaud, una España espectral a fuerza de ser reconocible, un puñado de personajes desmesuradamente alegóricos, diálogos que no son tales y el aliento clandestino de la conspiración en medio de una realidad arbitraria. Y arbitraria quiere decir aquí sin centros de donde asirse o bordes a los cuales ceñirse.

Bienvenidos a Los límites del control.

Surgido vagamente de un ensayo de William Burroughs y definido por su propio autor como una película de acción sin acción, el último trabajo de Jim Jarmusch bien podría calificarse de una vuelta de tuerca a su filmografía, una especie de giro. Ciertamente, lo sería si es que el de Ohio no se las ingeniase para estar siempre tan lejos y tan cerca de sus películas más entrañables, propias como ajenas ¿O es que acaso no existe paralelo entre el viaje que emprende El Hombre Solitario en esta cinta y el de Don Johnston en Broken Flowers o el de Allie en Permanent Vacation, entre otros? El encuentro imposible de Jacques Rivette y John Boorman –o de Manuel el Sevillano y Boris– le da vida al filme de un cineasta que a lo largo de treinta años se ha puesto el estandarte minimalista en el hombro. Pero esta vez llega hasta el paroxismo. Las pausas, las superficies, los silencios. Las remisiones a sí mismo en un juego de espejos infinito. La reiteración como argumento, el tiempo muerto como trama, el lirismo de la imagen como única estrategia para narrar todo aquello que pasa cuando no pasa nada. Y la percepción. Distorsionada, por supuesto, como lo está buena parte de la banda sonora.

Sin embargo, a contrapelo de lo que todo el mundo piensa, aquí no hay embeleso en el estilo. Burroughs decía que el control empieza con las palabras. En un mundo donde todo mundo habla, guardar silencio siempre es una opción. Y ese es el tren que toma Jarmusch, a quien parece no inquietarle el vacío. La suya es una cinta sobre mirar y saber mirar. Sobre la posibilidad de imaginar los modos en que se puede atravesar un muro sin puertas ni ventanas. El Arte contra el Sistema, por idealista o manido que suene. Al final tienes razón, Jim, también a mí me gusta cuando en las películas la gente se sienta. Y no dice nada.

High Places “On Giving Up”

No podía creer que lo nuevo de High Places fuera High Places. ¿Dónde quedaron esas aventuras sonoras debajo de la cama que lo convertían en un Animal Collective del minimalismo, ese pop que acaso respondía a un rito ancestral, esa música que parecía ver el universo con un microscopio? Este avance de su próximo álbum era tan… normal, que decidí cerrar con pena otro capítulo más en mi historia de decepciones musicales.

Hay ocasiones en que me pongo a escuchar canciones sueltas sin fijarme en nombres o títulos, sobre todo cuando salgo a la calle. Una de esas veces, un tema llamó de inmediato mi hasta entonces dispersa atención. Primero me sorprendió, porque no recordaba haberlo oído antes, y después me fascinó. Era un pop elegante, algo sombrío pero con groove, acerca de alguien que, ahora sí, ha decidido poner fin a una relación desgastada. Parecía una canción perdida de los ochenta, quizás de unos ochenta que no existieron, pero debieron. Y entonces me fijé en el nombre y el título.

High Places me ha enseñado que debo renunciar a mis expectativas.

High Places “On Giving Up”
Del álbum High Places vs. Mankind (2010)

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Sky Ferreira “Happy Dre”

Popular banda británica de los sesenta graba canción acerca de sexo y/o drogas. Lolita de Los Angeles con voz de princesa pop y actitud indie reinterpreta tema con particular estilo.  DJ se topa con cover y decide agregar base rítmica de conocido track de popular rapero de los noventa. Simpático blog encuentra remix y lo propone a sus lectores. La felicidad continúa caliente.

Sky Ferreira “Happy Dre” (DJ Skeet Skeet remix)

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Emmanuelle Seigner “Femme Fatale”

Modelos que fungen de cantantes. Actrices en devaneos con la música. Belleza, glamour y sensualidad trasladados desde el set y la pasarela al pentagrama. Rica es la tradición de los coqueteos y flirteos entre el cine y la música. En el caso de Francia, nuevamente es indispensable remitirse a la corte de divas que regentaba Serge Gainsbourg: la verdadera Factory, una celestial camada de divas producidas y dirigidas por el talento del dandy de la chanson. Bardot, Birkin, Gall, Anna Karina… fetiches hechos canción, un paraíso en la tierra para el melómano y lujurioso que llevamos dentro.

En el pasado más reciente, Carla Bruni planteó un debate entre ética y estética que no viene al caso revivir. Más cercano aún, la Cotillard y Franz Ferdinand demostraron que Dior nunca tuvo una mejor banda sonora para sus diseños. Ahora, un objeto del deseo toma el micrófono y busca encender el mundo desde el disco. La musa de Polanski, el cineasta que amaba demasiado a las mujeres, edita su primer álbum. No es sombrío o misterioso, no esconde sus pasiones detrás de una mirada insondable. Es pop directo e intenso, melodías solares urdidas junto a Keren Ann. Un juego de seducción propuesto por Emmanuelle, donde como en sus películas, ella impone las reglas.

Emmanuelle Seigner “Femme Fatale”
Del álbum Dingue (2010)

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