Archivo del Autor de Summer

A Weather “Giant Stairs”

Ella busca el último capítulo de “Gossip Girl”. Él se aleja del Fender Rhodes para dar una vuelta por el vecindario. Mira la luna despejada en lo alto y piensa por un momento en la película que vieron anoche, en la pasmosa soledad que se puede sentir sin necesidad de estar aislado del mundo en una estación espacial. Se puede flotar en Oregon, casi tocar la inercia del dormitorio cuando el silencio lo domina todo. Mejor volver a casa, tenderse en la sala y poner el Rumours. Prepararse para la experiencia, fijar la vista en un punto y no prestar atención al parpadeo centelleante que viene de la habitación o de los rayos que iluminan el cielo entero anunciando una nueva tormenta. La poesía de radio AM setentera relaja el cuerpo e invade todo el ambiente. Una pausa por los viejos tiempos. Un cuerpo se desliza hacia la sala y murmura algo al oído de su compañero. Ella y él se confunden en una sonrisa interminable.

A Weather “Giant Stairs”
Cortesía Bad Panda Records (2010)

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Blood Red Shoes // Fire Like This

- ¿Seguimos jugando a ser grunges?

- Como siempre, Steven, te equivocas. Ya te he dicho, menciona a Fugazi, Pixies o Sonic Youth. Si te siguen diciendo que parecemos una banda de Seattle, tú réplica con un “Gracias por darte cuenta que sonamos a The Melvins”.

- ¿Vamos a continuar gritando a los cuatro vientos que queremos poner a bailar a la gente? Porque quizá lo conseguimos, pero en los festivales. Sigo pensando que en el directo está nuestro real sonido…

- Para que lo entiendas bien rubiecito: Boonie y Clyde, Sid y Nancy, Kurt y Courtney, Dharma y Greg… O sea se encarga de registrar la tensión, la pulsión enfermiza que surge de la convivencia de nuestros egos, reproducir en un álbum el je ne sais quoi de las relaciones modernas, captar en la dinámica guitarra-bateria, en esa alternancia finita el desarraigo y la abulia del homo ludens…

- ¿Algo así como el Nevermind?

- ¿Por qué no eres como Jack White? Por último di que somos los nuevos Babes in Toyland. Podrías decir, por ejemplo, que mientras The White Stripes con su blues minimalista toca las notas negras de la América profunda, nosotros reelaboramos el lado blanco y desencantado del alma norteamericana…

- ¡Diablos! Yo pensé que hacíamos pop…

- En las conferencias tú te quedas callado, ¿ok?

Blood Red Shoes “It Is Happening Again”
Del álbum Fire Like This (2010)

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Banda de Turistas “El Rogadero”

Excursión vespertina. Frescos y envueltos en la melodía, Banda de Turistas se hace uno con el sol. El beat se disuelve y el quinteto libera sus voces en su marcha juguetona por el bosque. Siguiendo las técnicas usadas para el genial video de Chairlift, los porteños se confunden con la naturaleza, difuminan los colores y deconstruyen los ritmos y las formas. Psicodelia visual que consagra los cuerpos a la plena diversión.

Banda de Turistas “El Rogadero”
Del álbum El Retorno (2009)

I Was a Teenage Satan Worshipper “Softcore Sex Dreams”

Ya sé que soy uno de los fetiches predilectos de esta página. Supongo que por ubicarme en la intersección improbable de Morr Music y Bangbros, tal vez por unir oníricamente el catálogo de Kitsuné y sus cintas predilectas de Evil Angel. Lo sé queridos, uds. me ven como si yo fuera su Nana. Entre seguir la Berlinale y las campañas para PETA, me doy un tiempo para hablarles de mi último hallazgo. Fue la pura casualidad la que me llevó a encontrarlos. Una de esas búsquedas ociosas en Google mientras preparaban el set para una nueva cinta de Fashionista. Mi interés por las ciencias ocultas y el twee pop nórdico colisionaron en esta novel banda finlandesa. Luego de escucharlos me quedó claro que su nombre era pura provocación. Lo suyo está más cercano a las voces lánguidas y las atmósferas evanescentes post Loveless que a la ruidosa devoción de un heraldo del averno. Lo suyo es (re)crear ambientes ensoñadores, jugar con los sintetizadores y confiar ciegamente en los efectos de sus pedaleras. Fieles acólitos de los dogmas de Creation que sirven de banda sonora mientras aguardo por mi nueva fantasía europea… una deliciosa morena.

I Was a Teenage Satan Worshipper “Softcore Sex Dreams”
Del álbum Strange Lights (2010)

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69 R.P.M.

Yo solo les ofrezco paz. Ese es mi modesto servicio. Por lo general llegan ansiosos por comenzar sus sesiones. Una rústica cabaña, cercana a un lago, distanciada y aislada por completo de la tecnología y la urbe oficia de campo de relajación y estudio musical. Suelen llegar de todas partes, pero últimamente recibo a muchos visitantes que provienen de Brooklyn, específicamente de Williamsburg. A ellos les doy el trato especial que se merecen. Sus grabaciones son místicas y legendarias. Plasmo la plenitud de sus espíritus en mis placas. En esas cintas rescato la esencia de sus vidas y la última chispa que escapa de sus cuerpos.

He ganado una considerable fama entre los folkies y hippies que pueblan la escena musical actual. Estos románticos empedernidos llegan a mí con la esperanza de hacer el mejor disco del mundo. Siento pena por ellos. Acostumbran acariciar como si fuera el Santo Grial los afiches de Drake, Lee y Cohen que están ubicados estratégicamente en todos los ambientes de la casa. Repasan una y otra vez la colección de vinilos que tengo en la sala. Casi lloran de placer por todo lo que encuentran en mi refugio. Dicen que es un sitio en definitiva mágico, que algo ancestral se deja sentir en el ambiente. Yo les replico que eso viene desde las entrañas de la tierra y que simplemente somos médiums de las almas que se hallan cautivas en el lugar. Ellos asienten en silencio ante mis palabras.

Pocos pueden darse el lujo de contar que han grabado conmigo más de una vez. Rufus y Wayne figuran en este selecto grupo de habituales colaboradores. A ambos los ha salvado su excelente sentido del humor y su bien celebrada fama para combinar las camisas en su vestuario. A veces los llamo simplemente para invitarlos a tocar algunas canciones al piano. Coyne aprovecha en traer su burbuja al lago y jugamos durante la tarde al interior de ella. Wainwright acostumbra obsequiarnos generosamente un vino dulzón de principios del XIX, directo de la bodega familiar en Quebec. Cuando la fogata comienza a alumbrarnos iniciamos nuestra clásica reinterpretación del Forever Changes.

Muy distinta ha sido la suerte de la mayoría de músicos que han pedido mi protección. Los selecciono cuidadosamente. Leo algunos portales, escucho sus discos y declaraciones, incluso reviso sus videos. Luego bastan un par de comentarios, algunas llamadas a representantes y casas disqueras para que ellos mismos busquen mi ayuda. Escrupulosamente preparo la cabaña para cada uno de mis visitantes. Voy dejando por toda la casa elementos que tientan el ego y la vanidad de los artistas que llegan a ella para encontrar la ansiada inspiración. Con el tipo de Dirty Projectors, por ejemplo, bastó una rara edición de un diccionario arameo-catalán del siglo XVII para tenerlo a mi entera disposición. Mientras me comentaba su intención de realizar un álbum que celebrara la obra de Salinger y al mismo tiempo esbozara una exégesis de una antigua crónica cusqueña de inicios de la Colonia, Kesha comenzaba a sonar en los parlantes de la habitación. Su mueca de horror me recordó algún viejo ritual azteca. Mi carcajada apagada fue lo último que escuchó el nuevo Prince de Brooklyn. Llevé a Grizzly Bear a un nivel de epifanía inédito. Estallaron como juegos de artificio chino en un templo cercano a mi lago. Nunca escuché un coro de ángeles tan bien entonado. Tenté a Animal Collective mostrándoles un vinilo de finales de los 50 que recogía los sonidos de apareamiento de la fauna de Nueva Guinea. Panda Bear se ruborizó al inicio pero finalmente accedió a oírlo. Cuando el trío bajaba al sótano para su sesión final, les prometí que en esa jornada haríamos historia porque samplearíamos hasta a la propia muerte. No me equivoqué, ese álbum fue elegido disco del año y la década el día mismo de su póstuma edición.

Anoche terminé uno de mis mejores trabajos. Aún siento el efecto del ácido. He tenido que viajar y ver el otro lado para poder convencer a este grupo. Ellos querían captar la esencia de los setentas, tentar a la cultura de drogas de la época, recrearla con propiedad. Vale, teníamos que vivir nuestro propio Vanishing Point para conseguir el objetivo. Estos tipos son una gran familia, un colectivo, si hasta parecen la tropa malcriada que comandaban Peter Fonda y Dennis Hopper. Han cruzado el limbo fraternalmente, en unidad. La excursión final la han hecho luego de una maratón de gore italiano que organicé para generar la atmósfera ideal. Los gritos del coro de hadas opacaban el sonido de la última película de Argento que se proyectaba. Todavía las veo danzando frenéticamente y esparciendo sin cesar un rojo digno hacia las paredes de mi cuarto. La pira de cuerpos arde en la parte trasera de la cabaña y ya ha llegado a mi casa aquello que tanto tiempo he anhelado. Creo que descorcharé una de las botellas de Rufus, la ocasión lo amerita: Benjamin Gibbard llama a mi puerta esta mañana.

The Phenomenal Handclap Band “Baby”
Del álbum The Phenomenal Handclap Band (2009)

Tulsa // Espera la Pálida

Desborde pasional que parece tocado desde una cantina, pero en español. Aquí el discurso desolado y la catarsis en onda country folk se reflejan en el paisaje castellano y no en el desierto norteamericano. En el segundo disco de la banda de Miren Iza la desesperanza y el dolor marchan contenidos. Tanto como las guitarras y la base rítmica que no ceden al frenesí y distorsión del género. Una mujer se queja sin susurrar desde la oscuridad, desprovista de fe, amor y familia. Eso sí, sin apelar al melodrama o el registro kitsch, que no estamos en una película de Almodóvar.

En el universo de Tulsa, como en el de otros actos ibéricos (Klaus & Kinski o Sr. Chinarro, por ejemplo) hay una fascinación por el elemento religioso que se deja ver claramente en las letras de este álbum. Así, la culpa y el desconsuelo se viven como una experiencia sagrada y profana al mismo tiempo. Se bebe generosamente el vino en el templo y el bar, que finalmente terminan siendo equivalentes.

Entre Russian Red y Christina Rosenvinge, los labios (el inferior y el superior) de Miren relatan un vía crucis personal y universal. Símbolos que brillan entre lo místico y lo trivial. Oraciones que por la gracia de la melodía se han transfigurado en canciones.

Tulsa “Matxitxako”
Del álbum Espera la Pálida (2010)

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