
Quelle surprise, Bruni. Pese a que ya no cabía decepción con respecto a tu nuevo disco, porque de eso ya se había encargado el anterior, No Promises (no prometiste nada, pero tampoco cumpliste), francamente yo esperaba algo un escalón más abajo, especialmente con todo este rollo de que ahora eres la esposa del presidente de Francia. Pero no contaba con tu astucia, con que podías estar más allá del matrimonio, la política y la fama, con que serías capaz de producir un disco más polémico (¡sexo! ¡drogas!) que complaciente, un album quizás no tan arrolladoramente precioso como el Quelqu’un M’a Dit pero igual de intimista y arrullador. Y aunque sólo me baso en una primera escucha del Comme Si de Rien N’était, confío en mi primera impresión. De hecho, me pregunto si no será mejor dejarlo así, quedarme con ese bonito recuerdo y sólo dedicarme a contemplar esa belleza que el poder no podrá corromper.



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Diva felina, yo no esperaba tampoco mucho de ti. Ni siquiera me atrevo a referirme a tu vida personal, a que estés casada con un diablo facho encubierto de adalid de la libertad, tampoco a tus vínculos con personajes francamente despreciables (no te preocupes, Kravitz) como Trump. Temía por que pensaba que después de No promises, siguieras entregándonos un repertorio de promesas vacías, de clichés encapsulados en el formato del soul y blues más soporífero y artificializado que pueda existir, para eso está Joss Stone y demás, diosa. Pero así eres tú, impredecible. Delicada, tierna, personalísima, menos es más… y tú, allí encandilando como siempre, poco importa si sea en una pasarella, en un club de Roma, o al lado de la hija de la Betancourt en el aeropuerto (se veían preciosas). Oh, Carla por que no viniste a la cumbre de mayo!
Me pregunto qué disco habré escuchado yo… Creo que sí, lo dejaré ahí.