La estética del pixel es una prueba más de que el medio es el mensaje, ya que de alguna manera surgió de las limitaciones impuestas por la tecnología de la época: programas menos sofisticados, computadoras menos potentes, monitores de menor resolución. Y mientras la mayoría navegaba en un mar de mal gusto generado por las primeras versiones del Paint, otros más hábiles, en vez de luchar contra aquellas rudimentarias herramientas de dibujo, se entregaron a su crudeza e hicieron del defecto un efecto.
Uno de los pioneros y más capos en proporcionar el máximo placer estético con el mínimo de información visual fue (es) Craig Robinson, ilustrador digital célebre sobre todo por su serie de Minipops, literalmente íconos de íconos de la cultura pop, pero también por sus Lollipops, a través de los cuales bandas y solistas de rock y pop son convertidos a su mínima expresión, y que demuestran que el arte del pixel consiste en reducir la realidad a su esencia más adorable.
A continuación, algunos ejemplos de la serie Lollipops. Parte de la gracia está en que identifiques quién es quién. Si eres de quienes vive en un mundo de perpetua alta definición y no puedes dar con alguno de ellos, sólo mantén el puntero del mouse unos segundos encima de la ilustración. Ya si aún así no sabes quiénes son, realmente no sé qué haces aquí.
Siguiendo con la cantaleta de las variaciones sobre un mismo tema (aunque en un plano más digno), una de las composiciones más conocidas, adoradas e interpretadas de la música clásica, el Canon de Pachelbel, es al mismo tiempo un clásico de la música moderna, pues ha inspirado algunos de los mayores éxitos de la historia del rock y el pop.
Según Wikipedia, artistas latinos como Juanes (“Volverte a Ver”) y Andrés Calamaro (“Paloma”) tampoco han escapado del influjo del célebre tema barroco.
Por otro lado, un comediante norteamericano, guitarra en mano, se despacha burlonamente contra el Canon, su omnipresencia y su descendencia, soltando de paso chistes relacionados con el instrumento original para el que fue creado, el chelo (“no hay forma de que seas cool cuando tu instrumento es más grande que tú”). ¡El popurrí final es imperdible!
Todas las canciones de Linkin Park suenan iguales.
¿Prejuicio? ¿Ineptitud auditiva? ¿Simple exageración de nuestro desprecio por la banda en cuestión? No, mis queridos numetaleros y devotos de las radios rock, esta vez hay prue-bas.
Un simpático sabido ha puesto en circulación un mp3 que contiene dos canciones “diferentes” de Linkin Park, cada una de las cuales suena en cada parlante o audífono. Escucha y juzga tú mismo.
Linkin Park “Dos Canciones por el Precio de Una (y el Valor de Ninguna)”
¿Quieres más de lo mismo? Escucha entonces a otros héroes del rock alternativo adulto contemporáneo, Nickelback, en un ampay igual de rochoso.
Lilly McElroy se tira sobre los hombres, pero lo hace por amor al arte. Ella es una artista visual y performer cuyo proyecto más reciente consiste en abalanzarse a los brazos del sexo opuesto y ser retratada en pleno vuelo por un fotógrafo y amigo que la acompaña en estas románticas acrobacias. Pero McElroy no agarra desprevenido a sus galanes involuntarios, a pesar de que las expresiones de éstos parezcan desmentirlo. La espontaneidad es montada. Ella recorre bares, se acerca a un hombre, le pregunta si puede tirarse sobre él, y si éste acepta, se toma la foto y luego la artista le invita un trago.
Las imágenes son fascinantes, y quizás lo sean más sin mayores explicaciones. Al ver la primera foto uno podría pensar que se trata de una mujer tan enamorada de su pareja que no puede evitar lanzarse sobre sus brazos en público. Pero luego vemos las otras tomas y pensamos, aquí hay alguien que está desesperada de sexo o de ternura, o quizás estamos ante una provocadora que busca incomodar a los hombres por un rato y burlarse acaso de su proverbial reticencia emocional. Porque si uno se fija bien, cada caballero retratado luce absolutamente atónito y paralizado. Uno se pregunta si alguno de ellos llegará a reaccionar a tiempo para coger a la chica en sus brazos, o al menos impedir que se vaya de cara contra el piso. Gajes del deseo.
Todo el que haya visionado el prodigioso video de Justice, “D.A.N.C.E.” (firme candidato a mejor del año), tiene que haberse dicho más de una vez, “¡Sería estupendo tener una de esas camisetas!”. Pues bien, te tenemos una buena noticia y una mala noticia. La buena noticia es que varios de esos diseños ya están disponibles en línea a través de sitios como Sixpack, We Sold Out! y la célebre Colette. La mala noticia… ya debes imaginártela: dependiendo de donde lo compres, cada t-shirt te puede costar entre 25 y 50 euros (que al cambio actual debe ser algo así como 5 mil dólares). Igual lo vale: cada polo es como para ponerle marco.
Todos los diseños son obra de So Me, quien es además responsable de la dirección y alucinante animación del video de Justice. Director artístico de Ed Banger, el sello francés más cool del momento, el ex grafitero parisino está a cargo del más mínimo detalle visual de dicha disquera, desde los videos y los posters hasta las tapas de los discos y las fotos de prensa. La invasión pop francesa ya no sólo es musical, ahora también entra por los ojos.
De día, 69 es una revista peruana de rock independiente. De noche, se disfraza de superhéroe y sale a combatir a las majors. Ya no quedan muchas en pie.
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