Desde Noruega llega Lukestar, una banda de indie pop que acaba de editar un álbum llamado Lake Toba y se está dando a conocer gracias a una preciosa canción y un pastoral video de título “White Shade”. ¿Algo más? Nada más. Bueno, sí. El angelical arrullo que los Lukestar parecen estar buscando en el bosque cual ninfa perdida en realidad proviene de la etérea garganta del vocalista del grupo, quien hemos descubierto que es el hijo perdido de Benny Hill y Liz Fraser. ¡Por la gran flauta!
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Si el dios del metal es Satanás, el dios del dark es Drácula, el dios del new age es la Madre Naturaleza, el dios del indie es Buda, y el dios del punk está muerto, el dios del disco es Dioniso, alias Baco, alias Uno Mismo.
Y por Zeus (mi dios) que el video de “Blind” está bien bacanal. A pesar de la desolación expresada en la letra (y hay precedentes de eso en la música disco de los setenta), la sensualidad del ritmo, las palmaditas, los “vientos” a lo Village People, incitan, más que a abandonarse a la miseria metafísica, a mover las caderas con abandono.
Aunque la voz que se escucha en “Blind” pertenece, sorprendentemente, a Antony Hegarty (de los más bien lánguidos Antony & The Johnsons), el autor intelectual de este fabuloso revival es el DJ neoyorquino Andrew Butler, quien se esconde detrás del llamado (para más señas de paganismo) Hercules and Love Affair, una de las sensaciones del momento y una prueba más de que DFA Records es quizás hoy por hoy el sello más cool del planeta.
Hercules and Love Affair “Blind”

Debo confesar que hasta ahora no tengo idea de qué es el math rock, porque más allá de las operaciones aritméticas simples, yo y las matemáticas (el burro por delante) no nos llevamos muy bien. Peor aún si la música está de por medio. La única vez en que mezclo los números con el placer es cuando se trata de, ejem, 69.
Era de esperarse pues que parpadeara nerviosamente al enterarme, tras el obligado research, que una de las canciones que pensaba incluir en mi lista de favoritas de esta semana tenía como protagonista a una banda inglesa, Foals, que se suele asociar con este riguroso estilo. Sin embargo, resulta que dicha ecuación se aplica más bien a un grupo anterior (The Edmund Fitzgerald, al parecer de culto) en el que militaron dos de sus miembros principales y el cual dejaron de lado porque “se lo estaban tomando demasiado en serio”.
Bien jugado, Einsteins, porque “Cassius” es más dance punk que math rock, más recreo que clase de álgebra, y despierta muchas expectativas sobre su reciente álbum debut, Antidotes.
No dejes eso sí que la foto o el video te hagan pensar que son un grupo emo. Odialos pero no los confundas. Ellos han marcado distancia con respecto a ese tipo de música y niegan cualquier influencia o simpatía con ella. Es simplemente que les da la gana de mirar de medio lado.
Foals “Cassius”
Tras mostrarnos hace poco no más esa tormenta de energía, disfrazada de disco en vivo, que titularon Los Valientes del Mundo Nuevo, los Black Lips –esos cuatro gringos de Atlanta, con pinta de adictos y fanáticos del garage rock en su faceta más desvergonzada– regresan con un nuevo disco; este sí reconocido como un trabajo de estudio.
Good Bad Not Evil los muestra algo más moderados y dándole más énfasis al ritmo; detalles que han captado la atención y el saludo de la crítica más lúcida de la webósfera, así como una renovación de votos de fidelidad por parte del contingente melómano afecto al R&R más desprejuiciado. Nosotros, siempre cautos, aún no terminamos de digerirlo, más que nada por lo difícil que resulta dejar atrás a su feroz predecesor.
Mientras tanto, el cuarteto sigue captando la atención de los medios y, en una nota para el diario inglés The Guardian (sobre la cual el buen Paul Hurtado de Mendoza nos pasó la voz) citan como principales influencias en lo que están haciendo a nombres tales como Funkadelic, The Falcons (la banda de Wilson Pickett) y a otros, menos notorios, como el francés Jacques Dutronc y nuestros compatriotas Los Saicos, a los cuales no escatiman elogios.
“’Demolición’ was the first punk song ever made; it’s the most brutal, funked out, gutteral 60s jam that has ever been made”, dice el grupo, cuyo fanatismo por el sesentero cuarteto limeño llegó a tal punto que, tras ser contactado por uno de los familiares de Los Saicos, obtuvieron a través suyo “memorabilia autografiada” del grupo. Con tal que no la coloquen luego en e-bay, todo estará bien.
Black Lips “Cold Hands”
El fabuloso “Star Guitar” de los Chemical Brothers es reacondicionado espléndidamente en manos de Shinichi Osawa, reconocido productor japonés de numerosos hits para divas del J-Pop, y que a pesar de una larga carrera en la música, acaba de hacer su debut discográfico solista con el álbum The One. Tanto el tema como el video respectivo (que es a su vez un cover visual del “Let Forever Be”) tienen como invitadas a las encantadoras Au Revoir Simone, cuyas voces aportan calidez a una notable versión electro.

Más banzai que bonsai, más Gogo Yubari que Meg White, más ninja que geisha, Akiko Matsuura, la desbocada vocalista y baterista de Comanechi, se suma a la ya honorable tradición de japonesas desquiciadas iniciada por Yoko Ono y, junto al guitarrista Simon Petrotvich, se suma también a la no menos honrosa moda de los dúos chico-chica guitarra-batería iniciada por Karen y Richard Carpenter*. Pero allí donde los Carpenters eran delicadamente yin-yin, los Comanechi son brutalmente yang-yang. “Death of You” no es la canción más reciente de esta banda inglesa, pero su demoledor noise punk te dejará con la sangre en los labios. Lo que siga es lo que consigas.
* Sí, ya sé que el hermanísimo tocaba el piano, no me malogren la analogía!






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