Bésame tonto

Podría contarla en mis propias palabras, pero creo que no lo haría mejor que el propio testigo ocular de esta anécdota oscular de Marnie Stern, así que paso a la traducción:

Había escuchado del stand de besos de Marnie Stern un par de horas antes del concierto de esta noche con Gang Gang Dance en San Francisco, y en efecto, cuando llegamos a Bimbo’s descubrimos este cartel en el puesto de merchandising:

¡A eso es a lo que me refiero!

Aparentemente, además de las multas por exceso de velocidad, también hubo de por medio ciertas infracciones relacionadas con el cinturón de seguridad, todo lo cual puede llegar a ser muy costoso. (“Michigan tenía que ser”, dijo Stern). Los besadores entendidos notarán los distintos precios: $3 por un piquito en el cachete, $10 por un beso en los labios, y $100 por el beso con lengua.

Así que… ¿hubo compradores?

Terminado el set de Marnie Stern, un número considerable de gente se amontonó alrededor de su lado del escenario, declarándole su amor y pidiéndole abrazos. Salí al vestíbulo un rato después y, para mi consternación, observé a un grupo similar de gente que, este, sólo estaba merodeando. Y aunque la oferta de los besos estaba a vista y paciencia de todos, nadie hacía más que, este, conversar incómodamente con la Stern. Y, este, comprando una camiseta, supongo. Y, este… ¿crees que podría abrazarte de nuevo?

Era atroz. Estos malditos chicos indie son una tira de Holden Caulfields mariquitas que no son capaces de mandar al diablo su temor a degradar a una chica al darle $10 por un beso, murmuraba yo para mis adentros. ¡¿Dónde quedó toda la diversión de este mundo?!

Pero después de 10 minutos, una buena señal entró al lugar. Para ser exactos: un chico alto, veinteañero, de rostro fino y grandes ojos. Camisa de cuadros holgada. Se acercó a la mesa y señaló sin temor al cartel.

“¿Está abierto el stand de besos?”, preguntó.

¡Por fin! Marnie Stern saltó de su asiento, levantó las manos en el aire y soltó un “¡wuuuu!” mientras daba un bailecito de emoción. ¡Un cliente!

El chico señaló la opción “labios”, y le entregó un billete de diez dólares a Stern, quien estaba más que dispuesta a entregar su pedido. Madre mía, vaya si recibió el valor de su compra:

¡Provecho!

Después de eso le dí el alcance. “Tenía que hacerlo”, me dijo él. “Es hermosa, ¿sabes? Estuvo riquísimo”. Tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Por favor, nación indie rock: ¡más stands de besos!

Vía City Sound Inertia

Marnie Stern “Roads? Where We’re Going We Don’t Need Roads”
Del álbum This Is It and I Am It… (2008)

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