THE WHITE STRIPES
Elephant

9 razones para amar a White Stripes:

1. Realmente se tomaron en serio lo del garage revival, al grabar Elephant en el clásico estudio de ocho canales Toe Rag, dejando de lado todo elemento que no sea análogo.

2. Jack White continúa con su devoción por el blues clásico y hace vibrar su voz y guitarra tal como lo hicieran Davies, Hendrix o Page, dándole al disco visos de obra maestra.

3. Han cubierto las expectativas de la crítica y el público, dándole crudeza, espontaneidad y vitalidad a un género que se dejaba morir entre aggros y chicos bien que juegan a ser rock stars (sí, estoy hablando de Strokes).

4. Hablan sobre confusión amorosa, tensión sexual y numerología “Los voy a derrotar, un ejército de 7 naciones no podrá detenerme” (“Seven Nation Army”), “-¿Porqué no vas y te satisfaces a ti mismo? -Si lo hiciera, Holly, ya no quedaría nada para nadie más” (“It´s True That We Love One Another”).

5. Siguen rindiendo tributo a clásicos como Dusty Springfield, con “I Just Don´t Know What To Do With Myself”.

6. Así como el paquidermo, Elephant demuestra que White Stripes realizaron un muy buen ejercicio de memoría, desplegando un abanico de blues, folk, psicodelia y power rock a lo largo de sus 14 canciones.

7. Meg sorprende al cantar al mejor estilo de Peggy Lee en la ultrasensual “In The Cold Cold Night” .

8. Hay guitarreos fieros en “Black Math” y “Girl,You Have No Faith In Medicine”, coros geniales en “There´s No Home For You Here”, riffs que dan nuevos bríos al grunge en “Hypnotize” y lecciones de rock & blues en “Ball And Biscuit” y “The Air Near My Fingers”.

9. Al final hacen un trío (vocal, eh?!) con la cantante folk Holly Golightly en “It´s True That We Love One Another” continuando la intriga sobre la relación entre Jack y Meg en medio de bromas de doble sentido, acabando entre aplausos y un británico “Jolly good…cup of tea then…let´s celebrate!”. A celebrar se ha dicho. Wilfredo Oliveros

WILCO
Yankee Hotel Foxtrot

La leyenda de Wilco se ha extendido conforme se ha conocido la inverosímil gestación de su cuarto y último parto. Acusados de no tener “potencial comercial”, su disquera inexplicablemente choteó Yankee Hotel Foxtrot no sin antes sugerirles que “por su bien” modificasen su propuesta. Con saludable intransigencia, la banda colgó el material en Internet, donde recibió una inusual acogida que los motivó a editar el disco, vía la independiente Nonesuch, en el formato CD. Los resultados hablan por sí solos. El álbum se convirtió en el favorito de las college radios americanas, mientras que en el mundo no hubo revista musical que no colocara su nombre entre los diez mejores discos del año que pasó.

No resulta descabellado pensar en este álbum como una road movie sonora. Cerrar los ojos e imaginarse que se transita con velocidad por los yermos parajes de la geografía americana. Country alternativo, le dicen. Country pervertido, diría yo. Electrificado, sin prescindir de la calidez de una guitarra de palo, de un apunte de violín, de una lánguida guitarra slide o de un piano sugerente. El lado indie, por otra parte, se deja sentir en su adhesión a la estética lo-fi, en la manera desatada en que culminan algunos temas, como “Poor Places”, con un torbellino de acoples, que resultan sin embargo congruentes con el espíritu trasgresor y a la vez accesible –y hasta dulce– de algunas canciones.

Y es que en cierto sentido este es un disco extraño. Los gringos utilizarían la palabra weird para describirlo bien. Su extrañeza, no obstante, no nace de algún caprichoso complejo de Adán. Proviene más bien de la sabiduría de moverse dentro de límites reconocibles, de experimentar con agrestes texturas sin dejarse caer en el barranco. Parte de esa peculiaridad proviene de los disparatados fraseos de batería de Glenn Kotche, advertidos desde su fenomenal apertura “I’m Trying to Break Your Heart”. Viene también de las mismas canciones, que han sido desmanteladas y vueltas a construir, sin que por ello se resienta su lado pop, sin que temas tan encantadores como “Pot Kettle Black”, “Jesus Etc.” y “Heavy Metal Drummer” pierdan ese sentido de maravillosa inmediatez. Proviene finalmente del productor Jim O´Rourke, que tuvo la suerte de toparse con Wilco, endilgarles el valor de la contención, hasta ayudarles a rubricar esta pequeña obra maestra de escucha obligatoria. Oscar García

NICK CAVE
Nocturama

Nocturama no es un gran disco, pero es un disco de Nick Cave. Si no lo conocen, puedo decirles que hay un fidelísimo culto alrededor de él y si eso no basta para ustedes, les informo que ésta es su duodécima producción junto a los Bad Seeds. La experiencia, esta vez, sí hizo al maestro. Nocturama se grabó en una semana.

“Wonderful Life”, aunque pudo durar dos minutos menos, abre elegantemente el disco. Las dos canciones siguientes mantienen el mismo nivel y también, para qué negarlo, la falta de variaciones. Pero no agotan y el disco se sigue mostrando perfecto. Al llegar al cuarto track la sacudida se anuncia. ¿Esta reseña acaso suena a que los conduzco hacia un punto en particular? Pues lo estoy haciendo. Cuatro canciones con un paso sutil hacia una bomba: “Dead Man in My Bed”, lo mejor de este álbum. Es oscura, es brillante. Vibra y toca. Devora. Mucho se habla de “Babe, I’m on Fire” por su duración y derroche de locura (casi quince minutos de gloriosa insanía), pero en realidad no tiene la magia que pretende. “Dead Man in My Bed” es la cima del disco.

Lamentablemente, la cosa cambia. Luego de remover hasta lo más inerte de nuestro cuerpo, Cave busca envolvernos nuevamente con esa melancolía a puertas cerradas que nos hace sentir importantes. Pero falla y tortura, ya no con las torcidas letras que desde sus inicios nos hizo amarlo, sino con la inútil monotonía de, por lo menos, dos canciones desabridas. La inyección es necesaria y el buen Cave arriesga. Aunque ya dije que “Babe, I’m on Fire” no es LA gran canción, oírla más de una vez vale la pena, pero oír los cinco primeros temas es una obligación. Así que denle una oportunidad al Nocturama, y si no conocen a Cave, consíganse The Boatman’s Call o Murder Ballads y dense ustedes una oportunidad. Natasha Luna Málaga

BADLY DRAWN BOY
Have You Fed the Fish?

Cinco EPs, un excelente álbum (The Hour of Bewilderbeast, 2000) y un soundtrack no menos notable (About a Boy, 2001) conforman el curriculum de Damon Gough (a) Badly Drawn Boy. Natural de la mítica Manchester, BDB, en tan sólo tres años, se ha convertido en el solista británico más renombrado, merced a estupendas canciones en las que géneros e influencias (Smiths, Bruce Springsteen, Guided By Voices) interactúan fluidamente transportando versos sobre desamor, tristeza y ternura. La edición de Have You Fed the Fish? encuentra a su autor en proceso de convertirse en un personaje mass-mediático, ganador de incontables premios, y sufriendo la presión de superar precedentes de gran calidad. Esto último –y no hay que decir lamentablemente– no lo ha logrado.

Si bien en About a Boy BDB ya se mostraba proclive a generar estructuras melódicas mucho más asequibles al formato radiofónico, también dejaba constancia de inquietudes más abstractas. Pero la sobreproducción presente en su nueva entrega (responsabilidad suya y de Tom Rothrock, quien ha trabajado con Beck) y algunos acercamientos a la engañosa ruta de lo “adulto contemporáneo” (“Born Again”, “What It Is Now”) dejan pocas dudas de las intenciones (¿buenas o malas?: juzga tú) de su autor por masificarse. Felizmente Gough también toma atajos para no embotellarse en convencionalismos y así mantenerse en buena senda.

“Using Our Feet” y “All Posibilities” enlazan el placer de escuchar una buena melodía con el de bailarla. Juguetonas y ágiles, dotadas de estupendos arreglos de cuerdas; misteriosa una, optimista la otra (“estoy viendo la vida a través de los ojos de alguien nuevo”), resumen las sensaciones que brotan de todo el álbum. “I Am Wrong” es un emotivo y épico tributo a la música que, pese a mencionar en un solo verso a Lennon, Sinatra, Buckley y Cobain, está lleno de vitalidad. En “How?” una entrada intimista da paso a un despliegue sonoro enérgico y a interrogantes difíciles (“¿Cómo puedo darte las respuestas que necesitas cuando todo lo que poseo es una melodía?… ¿Cómo puedo encontrar tiempo PARA ESTAR CONTIGO DE NUEVO?”). Sí, pues, pese a todo el resultado global es positivo. Los momentos de plenitud, de calidez, superan a los convencionales y evidentes. Y todos contentos, incluso tras una primera escucha.

En suma, Have You Fed the Fish? es (perdonando el cliché) un álbum de transición y (más cliché) una promesa de lo que vendrá, siempre y cuando la sensibilidad de BDB (y la nuestra) se mantenga en forma. Fidel Gutiérrez

JOHNNY MARR & THE HEALERS
Boomslang

Bien, me pregunto cómo se sentirán aquellos que le perdieron el rastro desde la disolución de The Smiths y lo imaginaban dedicado a jugar Playstation a tiempo completo con sus sobrinos; Johnny Marr, aquel otrora genial guitarrista y hemisferio derecho de quizás la banda británica más grande de los 80 ha tomado por fin la determinación de atacar otra vez, y con grupo nuevo.

Tras 17 años -estas cosas toman tiempo- de proyectos solitarios (Electronic) colaborar con gente como The Cult, Beck, Oasis, Bryan Ferry o Pet Shop Boys y tocar junto a Pretenders, Marianne Faithful o Paul McCartney, un Marr ahora cantante y mucho más ruidoso-agresivo con la guitarra nos presenta junto a The Healers Boomslang, donde poco queda de aquel orfebre de plataformas electro-acústicas y melodías ensoñadoras que calzaban con los arrebatos desencantados del Mozzer. Pero ¿es realmente tan extraño?, ¿por qué tendría Marr que repetirse? Él puede darse el lujo de trabajar ahora capas de capas de guitarra, ritmos programados o percusión, explorar con retoques electrónicos y releer los estilos clásicos en la guitarra, desde Jimmi Hendrix, T-Rex hasta Bert Jansch, demostrándole de paso a sus ahijados del brit pop cómo se hace un buen disco.

El problema para la banda (y especialmente para Marr) surge al encontrarse con los fans y críticos obcecados que esperan una continuación de lo ya hecho o comparan ociosamente lo nuevo con lo viejo. ¡¿Qué diferencia hace si sus letras no tienen la inmensidad de su banda anterior?! No estarán para poner en un marco –pues su existencia obedece esta vez al tema y no viceversa– pero Boomslang está lleno de muy buenos cambios de melodías y arreglos de guitarra trabajados a la perfección. Brindando momentos destacables en “The Last Ride”, “Caught Up”, “Long Gone”, “Something to Shout About” y “Bangin’ On”, Johnny Marr parece estar decidido a hacerla otra vez. El debut salió en febrero, The Healers acaban de finalizar una primera gira por Norteamérica y Australia, y todo indica que éste sí es un proyecto a tiempo completo. Strangeways, here we come… again. Wilfredo Oliveros