No seré yo quien lance la primera piedra y acuse a Johnny Lydon de “venderse” al sistema y de “traicionar” al punk. Nada más lejos de mí. Y sí, todos tenemos que llevar un pan a la mesa. Pero… ¿un comercial de mantequilla? ¿La descreída voz de una generación promoviendo el consumo de un producto lácteo? ¿El subversivo Johhny Rotten siendo perseguido por vacas? Claro, no faltará quien aduzca que se trata de una provocación, de un acto de deliberado cinismo, pero, oh ironía, eso no se la cree nadie.
Quisiera seguir lamentando cómo un ícono de la rebelión se ha convertido en un ícono del resbalón, pero ya es la hora del lonchecito.
Never mind The Pistols, here’s the butter.


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