por Lucía de la Morena
Neo!Club, Madrid, 10/01/2009
La cola a las puertas de la mítica sala Galileo de Madrid, rebautizada como Neo!Club, se divisa desde lejos. El pretexto: festejar los quince años de vida de Jabalina. El buen ambiente, a pesar del frío glaciar que castigaba la ciudad, y las ganas de celebrar este merecido cumpleaños se respiran a medida que la gente avanza y se adentra en el local. Mucho pantalón pitillo, camisas de cuadros y algunas gafas tipo nerd. En la entrada, de regalo un CD con los temas de los artistas de la discográfica. Son las 9 de la noche y el concierto está a punto de empezar.
Los primeros en actuar fueron los tinerfeños Pumuky que no consiguieron captar completamente la atención del público. El sonido de los nuevos miembros del sello recuerda mucho -quizá demasiado- a Los Planetas. Después de una interpretación correcta de cinco canciones se despiden con un cover de “Jabalina” de los Pixies, pero en la versión que Jolipai hizo en su día.
Los veteranos Polar, salieron al escenario con un público mucho más entregado y con ganas de escuchar los temas de su álbum Feedback. Los valencianos nos regalaron ocho magníficas interpretaciones que incluían dos temas inéditos que saldrán en su nuevo disco. Lo de ellos transita en los terrenos del pop ensoñador, intimista y melancólico, Al igual que Pumuky, se despidieron con un cover, en este caso de “Halloween”, demostrando por qué se les considera uno de los grandes de Jabalina.
A eso de las 11.15 de la noche hicieron acto de presencia los debutantes Klaus & Kinski. El cuarteto de Murcia, ganador del concurso de maquetas Creajoven y habitual de festivales, se convirtió en el gran reclamo de la noche. Para muchos de los que estábamos allí era la primera vez que íbamos a disfrutar de un directo suyo presentando su placa Tu Hoguera Está Ardiendo. Marina, la vocalista del grupo -con un look muy naif- colocó su atril y mostró su faceta más cómica al interactuar con el público y referirse a él como una “medusa gigante sin cara”; vamos, que éramos una mancha gigante oscura bajo una capa de humo. Mientras solucionaban unos pequeños problemas técnicos, la cantante se atrevió con un monólogo sobre los murcianos que arrancó las risas del público ansioso por escucharles en plena acción.
Por fin, suenan los primeros acordes de “Ronnie O’Sullivan”, el tema más shoegaze del álbum cargado de una energía que saben transmitir al público sin dificultad. Todo el protagonismo se centra en las guitarras hasta que pasados unos minutos la voz susurrante de Marina invade la melodía mientras se balancea con cierta dejadez. Tras la acertada elección de esta canción como inicio del concierto, le sigue el sonido más indie de “Nunca Estás a la Altura”, muy en la línea de La Buena Vida o Joe Crepúsculo, y la aclamada “Rocanrolear”, una de las más exitosas del repertorio y que curiosamente no es suya. Alejandro Martínez además de ser el guitarrista de K&K forma parte del grupo #FO para el que escribió esta canción con un sonido mucho más rockero y que posteriormente adaptó al estilo pop por petición de Marina, convirtiéndose en una de las más tarareadas de la noche.
Continuaron con “El Cristo del Perdón”, una verdadera joya en clave dream pop, en la que destacó por encima de todo la dulce voz de Marina. Las reminiscencias al discurso noise de Yo La Tengo se dejaron notar en “Crucifixión, la Solución” que consiguió animar aún más a un público que no dejaba de cantar las letras. Con “Mengele y el Amor” llegó el romanticismo. Tanto es así que en mitad del bolero, Marina pidió “por favor” que la gente bailase en parejas. Sin duda uno de los picos emotivos del concierto y que desencadeno el aplauso general de la sala.
Cuando el clima era inmejorable anunciaron su despedida con “Flash-back al Revés”, una canción con un sabor country-pop que engancha a la primera escucha y que abre el apetito para disfrutar de la variada oferta sónica de la banda murciana.
Eran las 11.50 de la noche y por motivos de horarios (más bien por la nueva ley en Madrid) ni siquiera tuvimos opción a bis, así que nos quedamos con ganas de más. Sobre todo se echó en falta el ritmo electrónico de “Muerte en Plasencia”, una de las que el público pedía con más ansia para el bis pero que no pudo ser, al menos no esta vez. En los 40 minutos que duró el concierto pudimos disfrutar de un grupo absolutamente ecléctico y que se ubica sin duda alguna entre lo más representativo de la música independiente española.
La gran protagonista de la actuación por su voz, su interpretación, sus monólogos y comentarios divertidos entre canción y canción fue Marina, quien siguiendo en su línea naif, se despidió agitando la mano con un tímido “gracias, hasta otra” y el grupo desapareció del escenario.
Esta fue sin duda la noche de Klaus & Kinski y gracias a su hoguera ardimos por dentro y por fuera en plena ola siberiana.



Muy buena crítica! esa noche todos nos lo pasamos genial, y los grupos, tal y como cuentas en la crónica, lo dieron todo. Viva el spanish pop!
;)