Klaus & Kinski // Tierra, Trágalos

Una proclama eufórica de Hitler servirá de prólogo a una bossa nova que invita a la paz y el diálogo de sobremesa. Hacía el final de la canción, la voz de Marina se fundirá con la bohemia de los primeros martinis. Alejandro revisa sus pedaleras y chequea el arsenal de samplers almacenados en su estudio casero, un inminente vendaval de distorsión se aproxima. De pronto, lo desenchufa todo y empuña la guitarra para improvisar una polka. En sus ojos brilla el recuerdo de una verbena. Los niños no desean ir a la escuela por temor a morir y se lanzan al patio de juegos para resolver los destinos del Estado. La República, solo por esta vez, le habrá sacado la lengua a los dictados imperiales. Fragmentos, piezas hermosas y delirantes que proyecta el segundo álbum de Klaus & Kinski.

Con Tierra, Trágalos, el grupo de Murcia confirma que su debut discográfico no era un collage disperso y multiforme, un desbocado intento por llamar la atención apelando al bolero o el ruidismo sónico. El eclecticismo para Alejandro Martínez no es un gesto disforzado o una coartada posmoderna oportunista; este bellísimo y variado tratado musical es el reflejo de un creador que vive intensamente su melomanía. Escuchar a K&K es repasar con estilo y sobriedad un coctel sonoro que puede decantarse hacia el pop sesentero o el italo disco, que puede ponerse a la par de Yo la Tengo para acto seguido juguetear con el charlestón o un vals. Detallistas compulsivos y artesanos de la melodía comienzan a trazar su propio derrotero, desmarcándose por completo de otros grupos de su generación. K&K se complace en construir y destruir las canciones.

Relatos mórbidos sobre la infancia y reflexiones ligeras sobre el devenir del capital y las leyes del trabajo. Crónicas de la procastinación en los tiempos de la incomunicación. Si el despliegue instrumental de K&K es ambicioso, la libertad en sus letras lleva las cosas a un siguiente nivel. Si Alejandro Martínez cita como influencias a Fernando Alfaro, Stephin Merritt y Morrissey, a estas alturas puede jactarse de tener bien aprendida la lección de sus modelos. Irónico y provocador, apropiándose de la oralidad de las calles y los templos, de los bares y patios universitarios, Martínez habla de la muerte y el sexo, como de la anarquía y la bipolaridad casera. Líricas que solo pueden tener el efecto adecuado en la voz de Marina: oscilante y temblorosa, susurrante, reptando en las mareas de guitarras o en las fugas de violines, siempre luminosa. Un instrumento que se moldea según los designios de un creador que parece no tener límites. Después de todo lo escuchado, hacen bien en ser insaciables.

Klaus & Kinski “Ya Estaba Así Cuando Llegué”
Del álbum Tierra, Trágalos (2010)

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