10 cosas que odian los Prinzhorn Dance School:
1. Las escuelas de arte. Sacaderas de plata y cunas de poseros. Tobin Prinz y Suzi Horn son artistas autodidactas a mucha honra.
2. Las bandas de rock. Sarta de estúpidos clichés. De hecho, Suzi Horn, la bajista y gritona destemplada del dúo, insiste en que ellos son un proyecto de arte, no una banda.
3. El postmodernismo. El reciclaje (sea conciente o conchudo) no existe en su bagaje. Pese a que no han faltado las comparaciones con la no wave y el post punk a la The Fall y Young Marble Giants (comparaciones que ellos desmienten), los Prinzhorn Dance School tienen la enternecedora voluntad de inventar la rueda. Y la rueda, de alguna retorcida manera, rueda.
4. El barroco. Austeros hasta decir falta, los Prinzhorn se han impuesto la estética del menos es más. A su lado, los White Stripes suenan (y lucen) como una big band. El dúo realiza sus grabaciones en directo, en una ocho canales y con un solo micrófono.
5. La improvisación. Al momento de grabar, los Prinzhorn elaboran diagramas complejos que los ayudan a visualizar el desarrollo de cada canción. Misteriosamente, los diagramas finales semejan a instrucciones de pasos de baile (esto lo acabo de inventar, pero, hey, yo también quiero inventar algo!).
6. La inconsistencia estética. Los Prinzhorn Dance School enviaron su demo en vivo a los cinco sellos que más respetaban y los cinco les respondieron interesados. Sin embargo, chotearon a los de Domino Records, simplemente porque no les gustaban las últimas bandas fichadas por el sello que alberga a Franz Ferdinand. Finalmente, se decidieron por DFA (quienes acaban de lanzar su álbum debut), entre otras cosas, porque el único disco que Tobin Prinz, vocalista y guitarrista del grupo, había comprado el año pasado fue el de LCD Soundsystem.
7. La música digital. “Cuando la gente convierte algo a MP3, la magia desaparece”. Sí, cuñao, quita primero tus videos de baja resolución y sonido comprimido de YouTube y después hablamos.
8. La envidia. Advertencia a las bandas que los han maleteado en la prensa: “Si nos aparecemos en el backstage de uno de sus conciertos y les metemos un lapo en la cara, después no se quejen.” Tranquiiila, Suzi.
9. El pan blanco. Su primer single, “You Are the Space Invader”, denunciaba con furia, entre otras cosas: “El pan blanco te da cáncer /y no hay aire limpio en Hampshire”. Lamentablemente, no conocemos la versión integral de la letra.
10. Las medias tintas. O te van a encantar (aunque sea por vía del gusto adquirido) o los vas a odiar. Pero no te van a dejar indiferente. Y eso es lo que busca Prinz: “Si todos estuvieran allí conversando o mirando su reloj, no tendría sentido hacer todo esto. Prefiero que la gente venga y se vaya.”
La única cosa que Prinzhorn Dance School ama:
1. El té y las galletas. But of course, my dear!
Prinzhorn Dance School, “Crackerjack Docker”






Mientras más te esfuerzas en renegar del sistema, sustentas más sus bases. Igual siempre ha sido muy efectivo alardear y criticar absolutamente todo como método para promocionar una banda de rock, perdón ellos odian el rock, un proyecto de arte. Me queda la sensación de la misma cantaleta escuchada ya hasta el hartazgo. Más música (estos chicos también la odiaran?) y menos rollos y proclamas.
Mucha chicharra ;quedaron atras toda armonia musical no me convencen, siempre dicho guitarra es simbolo del ritmo sino pregunten a Chuck Berry ROLL OVER BETTHOVEN
¡ NI HABLAR ¡
No pienso darle centavo a estos mamones elitistas, al puto regimen fascista indie, siempre tan necesitado. Ya se pueden morir de hambre Que coman vinilos Para ellos todas las migas. Yo podre vender mi culo carente de talento durante años gracias a los blancos corporativistas que me explotaron y me encanta Me cae bien
No hay nada que hacer, el amigo Cobain dice cosas tan articuladas y geniales como el icono grunge que retrata van sant en last days