El Arte de la Guerra

Escribe Fidel Gutiérrez
Una superpotencia invade una nación no occidental bajo cualquier pretexto. La superpotencia se queda con el petróleo. Un talentoso guitarrista y un carismático vocalista no pueden más con sus genios y se separan. El vocalista se queda con la banda. La historia se repite. Y esta vez la invasión se llama Operación Libertad Iraquí y la banda se llama Blur. Pero como esta es sólo una modesta revista de rock, sólo nos ocuparemos de la última (que por lo demás se ocupó de la primera).
La monolítica cohesión que mantuvo unida a Blur más de una década terminó por quebrarse con la salida tempestuosa de Graham Coxon, el guitarrista cuatrojos responsable en gran medida de la dosis de locura con los que la alguna vez mejor-banda-del-mundo reformuló por completo su sonido para escapar del derrumbe del brit pop.
Pero la acrimonia existente entre los miembros del grupo no surgió de improviso. Las diferencias entre Coxon y el vocalista Damon Albarn y el bajista Alex James (reportes desde la zona devastada señalan que el batero Dave Rowntree prefirió la neutralidad) emergieron a mediados de la década pasada, justo tras el megaéxito alcanzado por el disco The Great Escape (1995) en toda Europa. Ni siquiera los intermitentes recesos en los que se sumergió el colectivo entre cada grabación ayudaron a resanar asperezas y diferencias.
“Alex siempre quiso el glamour y ser famoso y Damon siempre quiso ser grande. Yo sólo quería estar en un sello independiente”, se lamentaba, ya en el 2000, Coxon.
Dos años después el guitarrista era expectorado del grupo de forma abrupta y poco elegante (fue el manager el encargado de decírselo, luego que el grupo partiera sin él rumbo a Marruecos para terminar de grabar Think Tank). La respuesta no se hizo esperar y Coxon la emprendió contra el nuevo material calificándolo de autocomplaciente y poco trabajado. Despotricó también contra la intervención de Fatboy Slim (quien produjo dos temas) y la remató afirmando que “de hecho estoy muy contento” de no estar ya en el grupo.
Entonces quedaron tres.
My Fucking Choice!
“Un músico alcohólico y depresivo es un lastre, pero uno que no se comunica con sus compañeros te está saboteando”, le dijo Albarn al diario español El País. El vocalista prefiere no entrar en detalles sobre la ruptura con su ¿ex? amigo de la infancia, pero le lanza sus dardos con mucha sutileza.
Lo concreto es que en el nuevo disco sólo se mantuvo uno de los temas en los que Coxon participó (la áspera “Battery in Your Leg”). En los demás, Damon asumió el puesto vacante, aunque en vivo la primera viola está a cargo de otra persona. Los resultados son distintos a lo ya conocido, aunque en la enloquecida “Crazy Beat” se pretende rescatar la influencia de Pavement y el ruidoso indie americano que ayudaron a esculpir la portentosa “Song 2” (1997), en una época en la que merced a una audaz reinvención Blur consiguió hilvanar los clichés más evidentes del brit pop con la desprolijidad guitarrística del under anglosajón y la sicodelia –ya no tan “baggy” sino más Kraut. Una época en la que nuestros héroes parecían estar listos para comerse al mundo sin dejar de lado su recuperada dignidad.
End of a Century
13 (1999) consagró a Blur como un clásico del pop británico. A la experimentación desaforada del disco anterior (Blur, 1997), cortesía de Coxon y de sus delirios, se sumó la notoria voluntad de recoger las raíces del rock y el soul (“Tender”, “No Distance Left to Run”) para sumarlas a un juego propio (“1992”, “Coffee + TV”). A ello se sumó la ruptura del noviazgo de Albarn con Justine Frischmann (voz de Elastica) con quien formaba la pareja más notoria de la escena rockera británica. La separación, más allá de ser la comidilla de la prensa del corazón (más brava que cualquier Magaly, let me tell you), dejó su estela en varias canciones del álbum.
Para evitar el desbande que siguió a la edición de la anterior placa (y que la puso al borde de la extinción) la banda emprende una serie de conciertos en su país en la que se dedican a interpretar, en orden cronológico, cada uno de sus 22 singles publicados hasta la fecha. Paralelamente apareció un box set con todos ellos en formato CD. Casi un año después, el 2001, editan un compilatorio de ingenioso título (The Best of Blur) con un tema nuevo, “Music Is My Radar” (la edición limitada viene con un disco en vivo grabado en 1999). A todo ello, en el interín, cada quien empezó a dedicarse con mayor fruición a lo suyo, con menor o mayor fortuna.
Monkey Business
Mientras Rowntree se dedicaba a la producción de animaciones computarizadas, Alex James producía a Fat Les. Graham, por su parte, editó el cacofónico The Golden D (2000), secuela lo-fi de The Sky’s Too High (1998), su discreto y casi acústico debut solista.
Damon, el más expuesto de los Blur, fue el que más trabajó: colaboraciones en soundtracks, con artistas varios y la creación de Gorillaz, la banda virtual que formó con Dan The Automator, Del tha Funkee Homosapien y Miho Hatori, y que, en poco más de dos años, vendió sólo en USA casi tres millones de copias de sus dos discos (Gorillaz y el compilado G-Sides), pletóricos de hip hop, beats minimalistas y divagaciones electrónicas. Los dibujitos superaron así la cantidad de ventas de todos los discos de Blur en el mercado discográfico más importante del mundo (sí pues, nuestros héroes –los de carne y hueso– sólo son masivos en su continente).
Lo siguiente fue Mali Music (2002), el álbum que trabajó junto a Afel Bocoum, Toumani Diabaté y varios artistas de este país africano. Un acercamiento respetuoso a músicas subyugantes emparentadas hasta cierto punto (no más) con el calipso y el reggae jamaiquino, que fue editado por Honest Jon´s, sello financiado por el propio Damon, que tuvo su génesis en la tienda del mismo nombre –especializada en “world music” y jazz– cuyos propietarios supieron cultivar en su cliente popstar la curiosidad y el interés por cadencias verdaderamente auténticas.
Tanque de Guerra
La gestación de Think Tank se inició a fines del 2001 y se vio progresivamente dilatada por las ocupaciones particulares de cada Blur, por la indecisión al momento de definir un productor, por las grabaciones repartidas entre Inglaterra y Marruecos y por la expulsión de Coxon. A ello añádase la turbulencia social vivida en Inglaterra este año debido al apoyo total de su gobernante a la invasión estadounidense a Irak. Albarn, al igual que otros artistas, no dudó en espetar su rechazo, sólo que con más énfasis y concreción, llegando incluso a mostrarse coreando lemas y portando carteles en la puerta del parlamento para sensibilizar a sus compatriotas (salvando las distancias y haciendo un paralelismo grosero, algo equivalente sería ver aquí a un tipo con toda la fama de Pedro Suárez Vértiz protestando en la Plaza de Armas contra el estado de emergencia…).
“Músicos y artistas deberían estar opuestos a la agresión. No digo que todos debemos ser delirantemente de izquierda o autómatas políticamente correctos, pero me preocupa ver qué poca pasión hay en este ambiente”, le dijo a la revista Spin, al explicar su actitud.
Algo de esa inquietud está plasmada en el nuevo disco que, a diferencia de los seis anteriores, muestra con más énfasis el sello personal de Albarn. ¿Y por qué el título? “Think Tank es un gabinete de estrategia, pero literalmente significa “piensa en tanque”, un aviso para lo que se nos viene encima si no paramos a tipos como Bush y Blair”, argumentó.
Finalmente el grupo se encargó de la producción, junto a Ben Hiller (artífice del gran debut en larga duración de Elbow) y el complicado Fatboy Slim (éste aparece sólo en dos temas). Los resultados aparecieron en mayo y son notables desde la carátula, elaborada por Banksy, uno de los grafiteros ingleses más comprometidos con su realidad.
Si bien con la partida de Coxon se ha perdido un poco de la locura y distorsión, prevalece en Blur el gusto por experimentar (“Jets”) y ha crecido la presencia de loops y secuencias electrónicas (“Moroccan Peoples Revolutionary Bowls Club”). Y ni se diga de los aires arabescos dispersos en varios temas; elementos inéditos hasta ahora en el currículum de Blur.
“Out of Time” es la joya del disco: un tema emotivo y cerebral al mismo tiempo, que refleja incertidumbre y preocupación. “Ambulance”, el primer corte, también es melancólico y sutilmente pacifista.
“Crazy Beat” es –ya se dijo– un intento por reeditar “Song 2”, y la inclusión de una voz “tipo mostrito” puede granjearle al grupo una fanaticada infantil similar a la de Gorillaz. “We’ve Got A File On You” va por ahí también (pese a su inicio “étnico”) aunque se acerca más al punk 79. La única letra que tiene es la del título y suena a amenaza.
“Brothers and Sisters” suena a un boombox animando una reunión en un ghetto negro, pero su letra llama la atención por lo de “cocaine is for murderers”. Viniendo de quienes siempre han elogiado las bondades de un “mundo químico”, suena raro.
“Sentí repulsión cuando en el mundo de la música reapareció la heroína. Terminó hundiendo a personas que tenían mucho que contar”, explica Albarn. James, por su parte, ha confesado públicamente haber dejado el trago y el humo para renovarse. Por si fuera poco afirma ser feliz con su flamante esposa. Si todo es como lo pintan, tiene sentido que ahora contradigan posturas anteriores.
“My White Noise” marca el final del disco. Una hermosa balada de contagiante melancolía y ambientación ultraterrena. Junto a “Sweet Song” (un medio tiempo apacible y sicodélico) configura un oasis (sin ironías, por favor) en medio de tanta inquietud creativa y búsqueda sonora.
En suma, con Think Tank, nuevamente, y como ocurre desde que sacaron su primer disco, las puertas del futuro quedan abiertas de par en par para que Blur las cruce, una y otra vez.




0 Responses to “Blur”