El skater siente la emoción de Sonic Youth a partir de su tabla, no intelectualiza su gusto por ellos, le llega el rollo Soho, lo del terrorismo sónico. No necesita impostar nada pues el skate también puede ser un arte, basta ver Invisible Boards para comprobarlo. Se pierde entre las calles escuchando el Dirty por la música y desde la música, no desde los ratings que dicta Pitchfork. El slacker tiene un hermano crítico de rock que vive pendiente y angustiado con que Kevin Shields acabe el nuevo disco de MBV o que Jim O’Rourke vuelva a colaborar con los Sonic. Baja música en piloto automático, ya no la escucha, menos la siente: los discos se han convertido en carpetas aglomeradas que pronto terminarán en la papelera de reciclaje.
La estudiante de arte está perdidamente enamorada de Thurston Moore. Por eso odia a Kim Gordon. La detesta aunque reconoce que es cool. Ella ha preparado un altar para Thurston. La alumna aplicada escucha una y otra vez el cover de “Superstar”, el tema de The Carpenters. La estudiante de arte ha leído infinitas veces The Virgin Suicides, y no se cansa de comentar que Sofia Coppola jamás hubiera hecho la película si Thurston no le hubiera recomendado la novela de Eugenides. Ella guarda un rizo de su cabello en la página donde Trip Fontaine y Lux Lisbon se conocen.
El slacker y la musa arty tienen como canción favorita “The Diamond Sea”, solo esa, ambos detestan el resto del Washing Machines…
Lee sale a la noche neoyorquina con un cuaderno azul bajo el brazo. Desde los audífonos el colega Hazlewood brinda la mejor compañía que puede esperar en ese momento. Basta de trilogías para la banda o por encargo de rubias que deben estar pasando el verano en Mallorca. Algo de calma y reposo entre tanto caos y distorsión. Quizá Thurston tenga razón: el artista que muere joven está a salvo de repetirse a sí mismo. Entra a un bar. La misma fauna intelectual de costumbre: niños jugando a ser beatniks, profetas y pitonisos, una nueva danza de máscaras en el corazón de Brooklyn. Desenfocar por un instante, cambiar de plano: una mariposa narcotizada lleva con desenfreno el tequila de la barra a sus labios, es morena y entrega su cuerpo a la celebración, un beat aflamencado suena de fondo. La imagen desaparece, solo hay bruma y el sonido de una banda del CBGB. 6 am. Ahora buscar el silencio de una cafetería es la mejor elección.
Sonic Youth “Antenna”
Del álbum The Eternal(2009)


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Como siempre que al baterista se lo trague la tierra, no?
ta weno el cuento pero termina en —
saludos
malditos brasileños afortunados que tuvieron el regocijo de verlos hace unas horas
daría un pulmón, un riñón y el testículo izquierdo por escuchar en vivo Schizophrenia o The Empty Page
qué!!!!! no es para tanto, después no podés fumar, beber y las chicas se te cagarán de risa al verte en bolas
pero hay hospitales en china y en brasil mismo que con gusto te pagarán el pasaje y ticket al show a cambio de tus órganos.
El nonsense de los fanáticos de siempre. Y cuando Lima verá a la juventud sónica, quizá una visita a Canevaro?