
En orden cronológico de visitas, esta es, rapidito nomás, la historia de la decadencia de los conciertos internacionales en el Perú:
1. Viejas glorias.
2. Viejas glorias sin uno de sus integrantes originales.
3. Viejas glorias sin la mitad de sus integrantes originales.
4. Viejas glorias sin su vocalista original.
5. Viejas glorias con uno solo de sus integrantes originales.
6. Viejas glorias con uno solo de sus integrantes originales y que sólo viene a poner discos.
7. Viejas glorias sin ninguno de sus integrantes originales.
8. Integrante no original de un grupo de covers de viejas glorias pero que sólo viene de plomo para un concierto de veinte bandas punk en un bar de Surquillo.

Ellos tendrán a Messi, pero nosotros tenemos a Manganzoides. Y el mismo día que la selección albiceleste goleará a la nuestra, el nightmare team del garage peruano hará bailar con su piedrícola rocanrol a la sana y estudiosa juventud bonaerense que asista al concierto de cierre de su actual minigira (que empieza hoy) por tierras argentinas y uruguayas. El motivo: la presentación de su disco más reciente, El Entierro de los Manganzoides, que fuera editado el año pasado por el sello ché Rastrillo Records. Su presencia no ha pasado desapercibida para algunos medios, y hasta el suplemento No del diario Página 12 le dedica unas líneas anunciando sus tocadas, aunque remontan confusamente los orígenes de la banda a “los albores del garage de los ‘60” (serán sesenteros, pero no sesentones). Esperamos que les vaya muy bien por allá. Sólo un pedido a los argentinos: humillen a nuestra selección si quieren, pero devuélvannos a los Manganzoides. Vivos.

A la hora de exigir condiciones técnicas a los promotores que los contratan para sus conciertos, Iggy Pop y The Stooges son tan profesionales como el que más. Pero eso no significa que su rider, o lista de requerimientos, tenga que ser aburrida. De hecho, es probablemente una de las lecturas más hilarantes que uno pueda encontrar en un “género” normalmente árido que de cuando en cuando se vuelve noticia debido a los caprichos y exquisitices de diva de otros artistas y grupos. Escrito en un tono cachaciento y un estilo por momentos surrealista por uno de los roadies de la banda, la lista solicita, entre otras cosas, dos ventiladores industriales “para poder usar un pañuelo en la cabeza y alucinar que estoy en un video de Bon Jovi”, un encargado de los monitores “que no le tenga miedo a la muerte” y que el vestuario de Iggy sea decorado por un homosexual. Así que ya están advertidos, señores empresarios limeños.

El primer CD que compré en mi vida fue uno de los Cocteau Twins. Se lo compré a un amigo de la universidad, a un precio que maltrataba mi risible presupuesto mensual para cigarros, pero fue un acto que entonces juzgué necesario. Y aunque todavía faltaban cinco años para que pudiese comprar un aparato donde reproducir el bendito disco, lo cierto es que mi devoción por los Twins simplemente se fue esfumando con el paso del tiempo. Así pasa. Esta semana, la noticia de la llegada de Robin Guthrie a Lima ha revivido la pasión que alguna vez sentí por los Gemelos Cocteau, haciéndome desempolvar cassettes y darle vueltas a ese entrañable CD. Este 6 de junio, Robin Guthrie se presentará en el Teatro Julieta de Miraflores, gracias a la gente de Automatic Entertainment y aunque lo ideal hubiese sido verlo junto a Simon Raymonde y Liz Fraser (los otros vértices creativos de Cocteau Twins) estoy seguro que no me voy a arrepentir de ir. El guitarrista que, según propia confesión, desarrolló su original forma de tocar la guitarra por culpa del punk (”nunca aprendí a tocarla, porque en esos años lo natural era que nadie quisiera aprender nada”) presentará un espectáculo denominado Lumiere, que no es sino la sonorización en vivo de un filme animado. Ahí estaremos. A ver si consigo que el disco más preciado de mi colección sea firmado por Guthrie. Valor sentimental, que le dicen.
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