Publicado por .P en videos el Miércoles 1 de Septiembre de 2010 0 Comments
Qué mejor que una versión shoegaze del “I Wanna Be Adored” de los Stone Roses para unirse a la celebración de los 50 años de la marca de chancabuques preferida de 69, Dr. Martens. Y quién mejor que la abuela más cool del mundo (esos lentes) para sacarnos de la melancolía y enseñarnos a disfrutar tontamente el momento.
Mientras prepara lo que será su nuevo larga duración (el segundo después de Chocolate, editado a fines del 2009), la mexicana Gina Récamier –su real apellido– grabó a lo largo de este año una serie de covers (con letras cambiadas al español), entre ellos “Bang Bang” de Nancy Sinatra, “Fuck You” de Lily Allen (a quien se parece físicamente) y “Poker Face” de Lady GaGa, todos los cuales ha reunido en un EP que no tiene precio, y del cual destacamos su estupenda versión de “Time to Pretend” de MGMT.
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Además de definir la chanson para siempre, Serge Gainsbourg incursionó en otros estilos, como el reggae y la electrónica, sobre todo en el último tramo de su carrera. Y no precisamente con resultados halagadores. Su último álbum, Love on the Beat (1985) ostentaba todos esos tics de sintetizador, saxo y caja de ritmos que hemos aprendido a odiar de los ochenta. De hecho, el debut discográfico de su consentida, Charlotte Gainsbourg, cayó también víctima de esos mismos abominables valores de producción.
Casi un cuarto de siglo después, y a propósito del estreno del esperado biopic sobre Monsieur Gainsbourg, alguien tuvo la brillante idea de comisionar una nueva versión de todo Charlotte For Ever (1986) y redimirlo con arreglos mucho más simples que dejaran al descubierto la belleza inherente de las composiciones del músico francés. Lástima que el dúo formado para la ocasión, Hige Club, no estuviera a la altura de las circunstancias, y lo que este homenaje (que será lanzado a fin de mes y que escuché en preview hace algunos días) gana en sencillez, lo pierde en interpretación, principalmente, ay, por el lado femenino (encomendado a una estudiante de cine londinense). Con todo, hay canciones que salen airosas, en especial el tema título, que permanece como un inquietante testimonio de la ambigua relación entre Gainsbourg y su hija (llevada asimismo, paquete completo, a la pantalla grande), y que bien podría considerarse como el “Je T’Aime Moi Non Plus” del incesto y la pedofilia.
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Aunque no se crea posible, existió en sus inicios un espacio en que el punk y la matiné infantil coincidieron y alzaron juntos su voz contra los vicios del sistema. Las chamarras y los jeans desgastados no desentonaron en los sets multicolores de la mañana del domingo. Himnos de un pasado glorioso que son revisitados a propósito de los 50 años de Dr. Martens (de los pocos que se pueden jactar de haber dejado verdadera huella en la historia del rock). La proclama de los colegas de Sham 69 vuelve a las calles con The Duke Spirit. Londres sigue explotando, pero a otras revoluciones. Ahora se han apagado las luces y todo se ve en blanco y negro. Mallas rasgadas y cuero a discreción. Las tribus urbanas exaltadas se lanzan al pogo y la destrucción bajo una lluvia tan artificial como la rabia y las poses de desencanto de los modelos del video. Nada como ver la vida en slow motion.
Pudo ser un disco de Gal Costa descatalogado. Un recopilatorio de pop californiano de 1964. Quizá una selección de las divas de Motown. Pero Inara y Greg prefirieron virar su atención hacia aquel álbum que no dejó de sonar en su carro durante el último año. Una colección de singles que se mantiene rotando en las radios de todo el mundo desde los años 70, que inevitablemente se han mimetizado con el espacio, que ya son uno solo con las cafeterías y las salas de espera. Las canciones de Hall & Oates no son casualidades del estudio de grabación, escapan también al one-hit wonder, coquetean con el temible rótulo de AOR, pueden ser kitsch o cool según se les oiga, podrían convertirse fácilmente en el fetiche de algún fan del Genesis post Gabriel. Digamos, para resolver el asunto, que estamos ante el pop en estado primigenio. Ni más ni menos.
Melodías puras y sencillas. El talento para el hook preciso. Ese que se adhiere a tus pensamientos y que solo puede abandonarte en forma de tarareo inconsciente en cualquier lugar. Coros y estribillos que se apoderaron de las frecuencias moduladas y los corazones melómanos y que ahora constituyen la esencia del nuevo disco de The Bird and The Bee. Alejado de la parodia o de la pirotecnia tecnológica, no estamos ante un álbum de remixes destinado a las discotecas sin alma. No, perviven en esta grabación la esencia de los temas originales, los arreglos y los tempos, incluso se imita la interpretación de Hall. El dúo cosmopolita cae rendido y refleja el soul del siglo pasado. Ese que brilla eternamente en la simpleza del “I miss you, baby”.
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Thelma, Louise et Chantal es la nueva película de Jane Birkin (sí, la madre de Charlotte). Una road movie al estilo francés, pero con ingredientes de Desperate Housewives. El principal atractivo de la cinta, sin embargo, está en su soundtrack, que además de incluir a la pareja de Gainsbourg en el año erótico, contiene la más reciente colaboración entre Benjamin Biolay, el nuevo niño mimado de la chanson, y Keren Ann. Ambos hacen suyo un tema de Johnny Hallyday, el Elvis francés. Como en el pasado (Biolay escribió dos álbumes para la cantante asentada en Nueva York), la dupla lleva el clásico sesentero a su terreno: delicados arreglos de cuerda, coquetos juegos vocales y los susurros que pueden prologar un encuentro furtivo o la despedida más amarga.
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