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Lost: Greatest Hits

Para Lucía

La ficción como un juego interminable. Tiempos y espacios (im)posibles. Caprichosamente reescribo las realidades de algunos de los personajes de Lost. Un ejercicio para no olvidarlos jamás. No incluye spoilers.

- El hombre que podía contar sin pestañear las oscilaciones del metrónomo, renunciará a su cátedra en Oxford y dedicará su vida a componer canciones para la chica pelirroja que aún se balancea en el columpio.

- Los salmos se seguirán escribiendo en tu báculo. Volverás a jugar con Kemi y todas las vírgenes del mundo sonreirán solo para ti.

- El lector voraz de Bioy Casares y de manuscritos serie B le enviará una edición ilustrada de la mitología griega a Clementine.

- Llegarás a los estudios en tu Camaro. Esta semana comenzarás a rodar The Empire Strikes Back. Sabes que el fin de semana te encontrarás con ellos para jugar al golf, y luego acamparás con ella a la orilla del mar. Quizá te des un tiempo y juegues a la lotería.

- Esta mañana terminaste de editar el segundo disco de tu banda. Finalmente abandonarán el estatus de one-hit wonder. Llamas a tu hermano y él no responde. Tomas la guitarra y automáticamente empiezas a entonar “Good Vibrations”. En la televisión, una fría aguja penetra el pecho de Mia Wallace.

- Ellos no quieren ser hallados. Han escapado de los demás e impuesto sus propias reglas. No buscan la verdad y se encuentran al margen del tiempo y las pugnas por el poder. Una amiga se topa accidentalmente con la pareja, y ellos la invitan a tomar el té. Jamás los volvieron a ver después de eso.

- Construyes incansablemente y reparas todo lo que está a tu alcance. Cada vez son menos las veces que despiertas sobresaltado en medio de la noche. Ya no hay llantos ni súplicas. Las persecuciones y los encargos han cesado, salvo los dulces que todos los días debes llevar a casa para Nadia.

- Cass Elliot suena desde la tornamesa y un nuevo día ha empezado. La travesía continúa. La noche anterior, el cielo no dejó de iluminarse y la tormenta interrumpió las comunicaciones. Solo piensa en ella y mira el teléfono con ansiedad. Un minuto después, ya no está en el medio del océano, su voz lo ha transportado a un pub escocés, escucha el último disco de Rufus Wainwright y le promete que este viaje será el último, que no se volverán a separar. En un rincón, un tipo con las cejas perfectamente delineadas no le quita la mirada de encima, lo acompaña alguien que imperturbable lee a Dickens. Suenan las campanas anunciando el final de la jornada.

- Ella revisa Carrie mientras espera su llegada. Una pareja de niños en la mesa contigua juega a que cuando crezcan se casarán y serán muy felices, para sellar el compromiso él le entrega un avión que ella guarda cuidadosamente en su lonchera de New Kids on the Block. La rubia no puede observarlos más, la visión se interrumpe por la lengua de un cachorro de labrador. Una sorpresa que llegó desde Sydney le cuenta LaFleur sin poder contener la risa.

- El miedo ha desaparecido. Un hombre marcha hacia el mar para contemplar el atardecer. A veces cree distinguir dos soles en el horizonte y no recuerda el día de ayer. Logra calmarse solo cuando su amigo se sienta a su lado para narrarle historias de cacería y hablar cada uno sobre sus padres. En su último encuentro creyeron ver el rayo verde.

El Hijo “Por si Charlie Pace no pudo acabarla”
Del álbum Madrileña (2010)

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El mal gusto ha muerto

Brian Eno sobre la muerte de lo “no cool”, es decir, de lo kitsch, lo camp, lo huachafo, lo chicha, lo cursi. Porque en la era del vale todo, todo vale:

“Es extraño recordar la época, no muy lejana, en que existían distintas tendencias estilísticas, tales como “el color de temporada” o “expresionismo abstracto” o “música psicodélica”. Parece que eso ya no nos hace gracia. Existen demasiados estilos transformándose con demasiada rapidez como para que alcancen el tipo de supremacía de antaño.

Por ejemplo, entren a una tienda de discos y observen las divisiones utilizadas para separar la música en diferentes categorías. Antes había algo así como una docena: rock, jazz, étnica y otras. Ahora hay casi tantas divisiones como discos existen, y siguen en aumento. La categoría con cuya creación algo tuve que ver –el ambient– se ha multiplicado en una diversidad de subcategorías bautizadas con nombres tales como “black ambient,” “ambient dub,” “ambient industrial,” “organic ambient” y veinte más la última vez que me fijé. Una ramificación similar ha estado ocurriendo en casi todo género musical vigente (excepto el “clásico” que sigue siendo, hasta ahora, simplemente “clásico”), y está pasando en la pintura, la escultura, el cine y la danza.

Estamos viviendo en un trópico estilístico. Hay toda una generación de personas capaces de acceder a casi cualquier cosa desde casi cualquier parte, y no tienen el mismo sentido estilístico localizado con el que creció mi generación. Todo está vivo, todo es “ahora” en un presente en permanente expansión, sea Hildegard o Bingen o un soundtrack de Bollywood. La idea de que algo no es cool porque es antiguo o extranjero ha sido descartada por la conciencia colectiva.

Creo que estas son buenas noticias. A medida que la gente se siente cada vez más cómoda modelando su cultura a partir de una rica variedad de fuentes, escogiendo todo lo que tenga sentido para ellos, se vuelve más natural hacer lo mismo con sus ideas sociales, políticas y otras culturales. El intercambio de arte es un precursor del intercambio de otras experiencias humanas, porque lo que es placentero en el arte se vuelve pensable en la vida.”

Publicado en Prospect Magazine