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Los mejores discos correctos del 2007

¿Qué necesidad hay de esperar hasta fin de año para elegir los mejores discos del 2007? Mejor aún, ¿qué necesidad hay de haber escuchado los mejores discos del 2007 para elegirlos? La siguiente lista, elaborada por Catbirdseat, te permite elaborar, de la manera más conveniente y correcta posible, tu top ten de este año a partir de los álbums más elogiados y comentados en la blogósfera. Escoge entre 3 y 4 del primer nivel, entre 2 y 4 del segundo nivel, y entre 1 y 4 del tercer nivel:

Para mayor flexibilidad, se ofrece una serie de comodines:

Salieron a principios de año, así que la mayoría de bloggers se han olvidado de ellos:
Joanna Newsom - Ys Street Band
Deerhoof - Friend Opportunity
Menomena - Friend or Foe

Pene pene pene pene pene el pene al desnudo de Kevin Barnes:
Of Montreal - Hissing Fauna…

Probablemente. Ni. Cagando.
Wilco - Sky Blue Sky
The Shins - Wincing the Night Away
Modest Mouse - We Were Dead…

No tengo ni idea de lo que sea, pero hay una probabilidad de 75% de que entre en tu lista:
The Field - From Here We Go Sublime

Ni siquiera lo han editado hasta ahora, pero con toda seguridad entrará en tu lista:
Yeasayer - All Hour Cymbals

Puntos Extra Pitchfork:
Deerhunter - Cryptogram*
Liars - Liars
Studio - Yearbook 1
Dirty Projectors - Rise Above
No Age - Weirdo Rippers

*Puntos doble-triple extra EXTRA Pitchfork por éste.

10 razones por las que In Rainbows es puro número

¡Thom, estás 10 puntos!

El nuevo álbum de Radiohead no sólo ha provocado revuelo entre empresarios, economistas, contadores, estadísticos e ingenieros, sino también entre ocultistas, numerólogos, fumones, autistas y nerds. Y es que según estos angelitos, todo alrededor del In Rainbows parece estar signado misteriosamente por el mismo número, el 10, al punto que uno podría llegar a creer que Thom Yorke es una especie de brujo. Mago de las finanzas será más bien, a juzgar por lo redondo (como un diez) que le ha salido el negocio a la banda británica.

Estas son las coincidencias y reincidencias que los radioheadómanos han hallado con respecto al In Rainbows:

1. Fue lanzado el 10 de octubre (10/10).

2. El album fue anunciado con 10 días de anticipación.

3. Su lanzamiento fue precedido por nueve mensajes en clave (el décimo fue una foto del grupo tomado té), donde X era una letra recurrente. X es 10 en números romanos.

4. In Rainbows apareció 10 años después del OK Computer, considerado por muchos su obra maestra.

5. El disco tiene 10 canciones (al igual que OK Computer).

6. El título del álbum tiene 10 letras (lo mismo que, oh, OK Computer).

Los androides paranoicos han encontrado más pistas, pero este investigador de lo subnormal, que ha sido acusado de padecer Asperger, también ha descubierto otras, acaso más escalofriantes:

7. In Rainbows fue lanzado en versión digital, es decir, en unos y ceros. 1 y 0 = 10.

8. El séptimo álbum de Radiohead apareció en formato mp3: 7 + 3 = 10!

9. Hasta ahora no escucho el disco, así que para mí sigue siendo una incógnita a qué suena. Incógnita se representa por X, y X en números romanos es 10!

10. Este es el post número 100 de este blog. Considerando que es además una lista de 10, tenemos que 100 : 10 = 10!

Vía Puddlegum

Nueva Oh la la!

No las odies por ser bellas

Pudieron haber sido modelos de pasarela o formado un grupo pop a lo Spice Girls o Pussycat Dolls, pero regias y todo, las Plastiscines prefirieron rocanrolear al influjo de bandas como Blondie, Ramones y Strokes. Ellas forman parte de lo que algunos medios de su país han considerado como el nuevo rock francés, efervescente escena que tuvo su carta de presentación el año pasado con el recopilatorio Paris Calling. Las jolies filles lanzaron hace poco su primer álbum, optimistamente titulado LP1, una colección de trece brevísimas canciones de espíritu punk, que ha dividido a la crítica entre quienes elogian la energía y autenticidad de su propuesta y quienes piensan que sólo se trata de pituquitas que juegan a ser estrellas de rock. En lo que a mí respecta, pienso que sus temas en francés son mucho más disfrutables que los que cantan en inglés (quizás por ese proverbial je ne sais quoi), que su mejor canción es el single “Loser” y que sí, son tan riquísimas que bien harían en dudar de mi objetividad musical. En fin, chequea el video, y, en palabras del inmoral George Michael, escucha sin prejuicio.

Plastiscines “Loser”

Modelo económico

Gracias a internet, no sólo creció exponencialmente el número de personas a los que un grupo podía dar a conocer su música, sino que además los medios que tiene a su disposición para hacerlo son cada vez más diversas: colgar temas en su sitio web, subir videos a YouTube, colocar canciones en portales de música, poner una página en MySpace, enviar mp3 a los blogs para su consideración, crear una cuenta en last.fm…

Pero misteriosos son los caminos del marketing musical, y así como a pesar de todos esos esfuerzos se puede seguir siendo un perfecto desconocido, a veces se puede alcanzar notoriedad en formas imprevistas. Si no, pregúntenle a The Craft Economy. El novel combo canadiense decidió promocionar un concierto (que para quienes vivan cerca o puedan darse un salto, es este 29 de setiembre) dejando de regalo, junto a los consabidos afiches, copias de su reciente EP debut, All on C. Copias quemadas, nomás, claro está, pero que servían de perfecta carta de presentación para todo despistado que circulara por ciertas calles de Toronto y nunca hubiera escuchado de, ni escuchado a, la banda.

Tal vez más de un músico que lea esto deba estar dándose un golpe en la frente mientras se pregunta, ¿cómo no se me ocurrió antes? Después de todo, el costo de quemar un CD es cada vez más barato (la masificación de la tecnología es un círculo virtuoso). Lo malo es que si alguien se animara a hacer algo así en Lima, lo más probable es que esos discos terminarían en manos (bueno fuera oídos) a las que no estaban destinados. Aunque, un ropavejero indie, ¿por qué no?

La historia no termina ahí. El caso es que la novedosa estrategia de difusión de la apropiadísimamente llamada The Craft Economy (que podría ser algo así como “la economía de lo artesanal”) fue recogida y celebrada por un blog, rebotando de allí a otro blog, y luego a otro, y multiplicándose hasta que el número de visitas resultantes a la web del grupo se tradujo en más de 7000 descargas de las canciones de su EP en menos de dos días. A tal punto se extendió la noticia, que reporteros de diarios canadienses de circulación nacional los han contactado para posibles entrevistas. Y ya en el colmo de la repercusión mediática, un blog peruano de música acaba de postear una nota sobre el hecho!

Pero lo mejor de todo es que, a diferencia de lo que suele ocurrir con bandas más talentosas para el marketing que para la música, las canciones de The Craft Economy no son mediocres ni aburridas. Al menos para mí, su combinación de punk, new wave y pop, preciosamente aderezada por armonías vocales femeninas, ha sido una grata sorpresa.

O la devolución de tu dinero.

The Craft Economy “The Crash, The Wagons, The Dying Horses”

Del mp3 al mpatrás

Esto es un tocadiscos

Entre el surgimiento de programas para compartir archivos en internet, la disponibilidad de los discos antes de su lanzamiento oficial, la facilidad para grabar y copiar CD’s, la propagación de los blogs de mp3, la popularidad del iPod y el éxito del iTunes, la revolución del mp3 ha acercado más que nunca a los músicos con el público, ha hecho besar el suelo a las multinacionales discográficas, y ha cambiado para siempre nuestra forma de escuchar música.

Uno de los efectos más interesantes de esa revolución es el actual auge de la canción suelta. Hace poco nomás, Beck lanzó un tema, “Timebomb”, que sólo está disponible en línea y que no es el adelanto de un próximo disco. El álbum, como formato comercial de música, parece cada vez más destinado a seguir los pasos del vinilo.

¿Dijimos vinilo? Pues el último reporte de ventas de la industria discográfica británica parece desbaratar nuestra analogía. Según este informe, las ventas de vinilos han crecido más de cinco veces en cinco años, habiéndose movido un millón de copias sólo en la primera mitad de este año. Pero, y aquí viene lo bueno, esas cifras no corresponden a álbums, sino a singles. Síntoma de los tiempos, el 45 del “Icky Thump” de los White Stripes alcanzó las mayores ventas en una semana que se haya registrado en más de veinte años. Otro dato significativo: dos tercios del total de singles comprados en Gran Bretaña son vinilos. El resto pertenece a los CD singles, cuyas ventas siguen disminuyendo (lo cual sustenta la predicción de que también el disco compacto tiene los días contados).

¿Ola de nostalgia de cuarentones que no saben en qué gastar su plata? No precisamente. La gran mayoría de consumidores de este formato son adolescentes y estudiantes. Una deliciosa ironía podría explicar este fenómeno: es probable que el actual boom del mp3 suelto haya alentado un redescubrimiento del encanto del 45 rpm, el formato de la canción por excelencia. Dos extremos que se tocan, pero extremos al fin y al cabo. El mp3 es tan fácil de conseguir, de borrar, de recuperar, de manipular, que prácticamente no tiene ningún valor como objeto de colección. Supongo que para muchos debe ser difícil conciliar su pasión por la música con un formato tan desechable. El single de vinilo llena ese vacío. Aunque uno no tenga dónde tocarlo.

Mi lado A considera este resurgimiento del 45 como un fenómeno tecnológicamente retrógrado e inútilmente fetichista. Pero mi lado B, que guarda los recuerdos de una niñez acariciada por el sonido de la canchita, se entusiasma y emociona con la idea.

Cornershop, “Brimful of Asha”

Nuestro Elvis

Elvis Perkins

Seré breve: Ash Wednesday, el debut discográfico de Elvis Perkins es uno de los mejores discos del 2007. Dejemos a un lado la leyenda de muertes trágicas que rodean a este talentoso trovador norteamericano, el álbum de Perkins sobresale por una simple y sencilla razón (que debería, idealmente, ser el sustento de cualquier proyecto musical): las doce canciones que lo componen son, ni más menos, estupendas joyas del mejor folk pop que se ha editado en lo que va de este siglo. Luminoso y cálido, en especial en la primera parte del disco, espectral y nocturno hacia el final, escuchar el disco de Elvis supone recordar el susurro sentido de Nick Drake, con unos delicados arreglos orquestales que nos remiten al inmenso Bryter Layter; podemos sentir además el influjo de lo mejor del catálogo Lennon-McCartney, en especial en las juguetonas “May Day!” y “Emile’s Vietnam in the Sky”.

De la desnudez acústica a los arreglos propios del pop barroco, Elvis despliega una lírica plagada de imágenes que no caen en el facilismo sentimental y sensiblero; lo suyo no es la exposición de la tragedia familiar reciente, es el registro sugerente de un autor que retoma lo mejor de la riquísima tradición folk norteamericana y la hace suya notablemente. Esperemos que este lamento conmovedor no se apague, pues, disculpen la necrológica comparación, cuando escucho Ash Wednesday no puedo evitar pensar en Jeff Buckley y Elliott Smith, dos luces que se extinguieron tempranamente y con quienes Perkins comparte influencias artísticas. Favor de melómano: Elvis, sigue vivo. Cocker

Elvis Perkins en el show de Letterman, “While You Were Sleeping”