Indie country británico con sintetizadores en vez de banjo. ¡Salven a las sirenas del Mississippi!
Infadels “Free Things for Poor People”
Del album Universe in Reverse (2008)
Indie country británico con sintetizadores en vez de banjo. ¡Salven a las sirenas del Mississippi!
Infadels “Free Things for Poor People”
Del album Universe in Reverse (2008)
Aquí todo es chévere: la música, las fotos de chicas y la ortografía. Sin embargo, ¿no nos estamos olvidando de algo? Porque, mal que bien, este es el blog de la revista 69. El blog está, el 69 nunca falta, pero… ¿y dónde está la revista?
Seremos inconstantes, pero no inconsistentes, así que hemos decidido enmendar esa falta y concentrarnos en preparar un nuevo número de 69, aunque sólo sea para justificar lo de “revista” en tu blog favorito de música. Más alternativo no se puede ser.
Es por eso que a partir de ahora, y hasta que 69 catorce salga por fin a las calles, este blog sólo incluirá canciones y videos, sin papas pero con ají (si el humor nos deja).
Por ahora los dejamos con el retrofuturista video para el más que apropiadamente titulado nuevo single de The Shortwave Set (el trío inglés apadrinado por Danger Mouse), proveniente de su segundo álbum, el notable Replica Sun Machine.

6 razones por las que Natalie Portman es la nueva musa del indie:
1. Ozma “Natalie Portman”
2. Haberle puesto los audífonos a Zach Braff en Garden State y decirle que The Shins iban a cambiar su vida.
3. Team Sleep “Natalie Portman”
4. La elaboración por parte de la actriz del recopilatorio indie Big Change.
5. Natalie Portman’s Shaved Head
6. Su participación como la heroína romántica del video de “Carmensita” de Devendra Banhart, una alucinada comedia musical pseudomitológica que, de una manera que aún no termino de explicarme, logra que un músico folk norteamericano criado en Venezuela cante en español, suene a nuevaolero argentino pasado de vueltas e interprete a un hirsuto príncipe indio (¿indie?) de vellos públicos que lucha por (y obtiene) el amor de una estrella de Bollywood/Hollywood.
Sólo falta que Natalie se anime y siga los pasos de Scarlett Johansson o Juliette Lewis. Al menos ya demostró que la haría linda como rapera gangsta.

En el principio fue Wild Like Children, o la chispa de la vida, una arrebatadora colección de eufóricas canciones que se convirtió en uno de mis discos preferidos del 2004. Entonces vino el álbum equivocado con el título acertado: Bottoms of Barrels, que es donde muchos prometedores debuts terminan después del temido “sophomore slump”, o la caída del segundo disco. Por lo menos para mí fue una desilusión. Normalmente mi reacción en estos casos suele ser echarle tierra al grupo y no hacerle más caso.
A pesar de eso, cuando apareció el video promocional con el cual se lanzaba el tercer disco del grupo, o (sí, así se llama), me dije, ya puesss, démosle una oportunidad. Lo ví, y me dije, ¿pero qué diablos es esto? ¡Este no es el Tilly and the Wall que yo conocí! ¡Este no es el indie pop del que yo me enamoré! Ni siquiera le presté demasiada atención al tema, simplemente lo deseché porque no era mi Tilly and the Wall. Fin de la historia.
¿O no? Un día, mientras escuchaba una de las cientos de canciones sueltas que había metido en mi ya maltratado reproductor de mp3 (al que desagradecidamente suelo llamar iFo, ay fó), me descubro moviendo enérgicamente la cabeza (para mis adentros, claro: soy corporalmente tímido en público). ¿Yeah Yeah Yeahs? No recordaba haber grabado nada de ellos, pero si lo eran, por fin habían vuelto por sus fueros! (Sí, actualmente tengo otro problema de desencanto con Karen O. y compañía.)
Me fijo y ¿adivinas quiénes eran?
Con razón esa percusión sonaba peculiar. Por si no sabías, los Tilly and the Wall no tienen baterista. Lo que tienen es una bailarina de tap. Esa es la marca de fábrica de la banda. Y ese zapateo que antes encajaba a la perfección con las canciones de su primer disco (pues en cierto modo equivalía a las proverbiales palmadas del indie pop), ahora se acopla de maravillas con el impetuoso rock ‘n roll de su nueva faceta.
De arrulladores a arrolladores, los Tilly and the Wall han cambiado y han crecido. Sólo falto yo.
Tilly and the Wall “Pot Kettle Black”
Los Divine Comedy están vivitos y coleando en Francia.
Shoegazing, que literalmente significa quedarse mirando los zapatos, es un término que describe graciosamente la absorta concentración de los guitarristas cultores de este estilo, sea en la ruidosa intensidad de su ejecución o, más pedestremente, en sus pedaleras de efectos. De hecho, corre el rumor de que uno que otro shoegazer ha desaparecido entre las capas sonoras de su guitarra, sin volver a saberse más de él.
Felizmente, muchas bandas han sabido escapar a este tentador ensimismamiento (del mirarse los pies al mirarse el ombligo) y a través de la fusión con la electrónica o el indie rock han logrado abrir su propuesta musical, reduciendo de paso la incidencia de tinnitus entre el público.
Elika es una de esas bandas que suele encasillarse dentro del shoegazing, pero cuyo álbum debut, el pesimistamente titulado Trying Got Us Nowhere, muestra, de la mano de la electrónica, una sensibilidad pop digna de aplauso. Aplauso que podrás brindarles personalmente mañana jueves, día de la presentación en vivo de este dúo neoyorquino de chico-chica en nuestra capital. Se agradecerá no ir vestido de estricto negro.
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