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Marion Cotillard con Franz Ferdinand “Eyes of Mars”

Quizás Franz Ferdinand ya no sea el grupo de moda, pero sigue siendo una banda fashion. Y es que los escoceses han escrito una canción por encargo para la nueva campaña publicitaria de Lady Dior, la emblemática (y escandalosamente carísima) cartera de Christian Dior. Interpretada por Marion Cotillard (más conocida por su papel como Edith Piaf en La Vie en Rose, y actual imagen de la casa de modas), la movediza “Eyes of Mars” cuenta además con la participación instrumental y vocal de los propios Franz Ferdinand (servicio completo), y será el soundtrack de la segunda de una serie de minipelículas que tienen como protagonista a la actriz francesa y activista de Greenpeace (organización que se ha pronunciado en contra del peligro que representa para la Amazonía la demanda internacional de cuero).

Marion Cotillard con Franz Ferdinand “Eyes of Mars”

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Toma que te doy

Mientras que las demás cervezas se pelean por el share a través de campañas que enfatizan las bondades de su lúpulo (por el amor de Baco, ¿alguien sabe o a alguien le interesa qué es el lúpulo?), una birra italiana fue introducida recientemente en el mercado peruano a través de un formidable comercial, también importado, que muestra escenas, en tonos entre azulado y verdoso, y con una estética que evidentemente mira a los sesenta, de la vida “cotidiana” de Roma. Enceguecedora y ensordecedoramente cool, esta obra maestra de la publicidad ha pasado a convertirse en uno de mis comerciales favoritos de todos los tiempos.

Pero no sólo fueron las imágenes las que me cautivaron, sino también su fondo musical, una combinación irresistible de sonidos electrónicos, coros femeninos y riffs de guitarra eléctrica. Mis pesquisas me llevaron a descubrir que se trata de un tema de Alex Gopher, ex compañero de banda (en Orange) de Jean-Benoît Dunkel y Nicolas Godin antes de que éstos formaran Air. De hecho, esta versión en particular del “Gordini Mix” (remix que originalmente incluye además sampleos de voces) está a cargo del dúo francés, y hasta fue incluido en la reedición del Premieres Symptômes.

Todo bien hasta aquí, pero la Peroni, ¿pasa o no pasa? Difícil dar un veredicto, pues la única vez que la probé, ya estaba con dos Pilsen y un pisco sour encima. Sólo me quedó la sensación de que, pese a lo agradable de su sabor,  no es tan buena como la Cusqueña. Parece que, después de todo, cada pueblo no tiene los comerciales de cerveza que se merece.

Alex Gopher “Gordini Mix” (Brakes On Mix)
Del EP Gordini Mix

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Crystal Castles en otra dimensión

Escuchar “Air War” de Crystal Castles es alucinante. Alucino por ejemplo a una astronauta, perdida con su nave intergaláctica en la inmensidad del universo, que empieza a escuchar voces en su cabeza. Compruebo sin embargo, con pena y asombro a la vez, que la realidad virtual es más extraña que mi ciencia ficción. Un extraordinario comercial lanzado para promocionar la nueva tecnología de los televisores Toshiba se vale de esta canción no para ilustrar sonoramente el espacio, sino el tiempo. Mediante una técnica avanzada de filmación denominada “time sculpture” que supera al famoso “bullet time” (consistente en mostrar imágenes en 3D de un momento en el tiempo: ver The Matrix y demás), los genios creativos y técnicos detrás de este portento han logrado registrar tridimensionalmente imágenes en movimiento, coreografía incluida. La publicidad también puede ser poesía.

Crystal Castles “Air War”
Del álbum Crystal Castles (2008)

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The Submarines “You, Me and the Bourgeoisie”

Si fuera otra compañía, pensaría que la gente que aprueba los comerciales para su productos no tienen la menor idea de las canciones utilizadas para su promoción. Pero tratándose de la corporación tecnológica más cool del planeta, no me extrañaría que su líder y guía (un tal Steve Jobs) hubiera bajado “You, Me and the Bourgeoisie” del iTunes, la hubiera escuchado en su iPod y no sólo le hubiera gustado, sino que hasta le habría parecido divertida la idea de incluir la melodía de un tema que denuncia el consumismo en el nuevo comercial para el iPhone 3G. Después de todo, Apple fue durante mucho tiempo una alternativa casi contracultural frente a las PC de IBM y el Windows de Microsoft. Ahora que es parte del status quo, ahora que dicta el status quo, bien puede darse el lujo de ser irónico consigo mismo. Lo que probablemente explica por qué el dúo californiano de chico y chica The Submarines aprobó tamaña contradicción. A menos, claro, que uno considere que un iPhone es un producto de primera necesidad. Yo quiero el mío. Yo necesito el mío. Y después de esto, yo merezco el mío.


The Submarines “You, Me and the Bourgeoisie”
Del álbum Honeysuckle Weeks (2008)

Bájame el arco iris

Si ya sabías que la canción del comercial de los conejitos de plastilina del Sony Bravia es el “She’s a Rainbow” de los Rolling Stones, mejor cambia de canal. Una de las composiciones más hermosas de Jagger y Richards, esta conmovedora cajita de música disonante pertenece al álbum Their Satanic Majesties Request (1967), la psicodélica respuesta de los Stones al en ese entonces destrozacerebros (si no que lo diga Brian Wilson) Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles.

Siempre me ha parecido una paradoja que esa explosión de colores que es un comercial de aparatos de televisión pretenda demostrar las bondades de éstos a través de tu obsoleto, anticuado, caduco televisor. Si te impresiona lo suficiente, ¿no basta entonces con el que tienes? Si te deja indiferente, ¿no basta entonces con el que tienes? Y pese a que la portentosa combinación de música e imágenes del comercial mencionado es una inspiradora alternativa de venta, yo sigo fiel a mi vieja caja boba de 14 pulgadas.

The Rolling Stones “She’s a Rainbow”

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1,000 Fans Verdaderos

Siguiendo con los inspiradores ejemplos del menos es más, 69 te ofrece ahora la traducción completa de un artículo escrito por el experto en cultura digital Kevin Kelly que te propone, a ti que eres músico, artista o mortal con algún talento, una fórmula, no para alcanzar fama y fortuna, pero sí para salvarte de la oscuridad, y que además te permitirá ganarte la vida sin vender tu cuerpo.

La larga cola es una famosa buena noticia para dos clases de personas: algunos agregadores con suerte, como Amazon y Netflix, y 6 mil millones de consumidores. De los dos, creo que los consumidores son los que más se benefician de la riqueza oculta en nichos infinitos.

Pero la larga cola es definitivamente una bendición ambigua para los creadores. Los artistas, productores, inventores y artesanos son ignorados por la ecuación. La larga cola no aumenta demasiado las ventas de los creadores, y más bien agrega competencia masiva y una interminable presión para bajar los precios. A menos que los artistas se conviertan en un agregador considerable de las obras de otros artistas, la larga cola no ofrece una salida de la aletargada tranquilidad de las ventas minúsculas.

Fuera de aspirar a un éxito masivo de ventas, ¿qué puede hacer un artista para escapar de la larga cola?

Una solución es encontrar 1,000 Fans Verdaderos. Si bien algunos artistas han descubierto este camino sin llamarlo así, creo que vale la pena tratar de formalizarlo. La esencia de los 1,000 Fans Verdaderos puede describirse sencillamente:

Un creador, sea un artista, músico, fotógrafo, artesano, actor, animador, diseñador, videasta o escritor –en otras palabras, cualquiera que produzca obras de arte– necesita tener sólo 1,000 Fans Verdaderos para ganarse la vida.

Un Fan Verdadero es alguien que comprará todas y cada una de las cosas que produzcas. Ellos recorrerán 200 kilómetros para verte cantar. Ellos comprarán la reedición en box set super deluxe de alta resolución de tus cosas aun cuando tengan la versión de baja resolución. Ellos han establecido un Google Alert especialmente para tu nombre. Ellos guardan en sus favoritos la página de eBay en la que aparecen tus ediciones descatalogadas. Ellos te hacen firmar sus copias. Ellos compran la camiseta, la taza y el sombrero. Ellos no pueden esperar a que saques tu próximo trabajo. Ellos son fans verdaderos.

Para alejar tus ventas de la línea recta de la larga cola es necesario que te conectes directamente con tus Fans Verdaderos. Otra forma de plantear esto es: necesitas convertir a mil Fans Menores en mil Fans Verdaderos.

Supongamos conservadoramente que tus Fans Verdaderos gasten el salario de un día al año para apoyar lo que haces. Ese “salario de un día” es un promedio, porque por supuesto tus fans más verdaderos gastarán mucho más que eso. Pongamos que ese día cada Fan Verdadero gasta 100 dólares por año. Si tienes 1,000 fans eso suma 100,000 dólares al año, que descontando algunos gastos modestos, alcanza para vivir para la mayoría.

Mil es un número factible. Uno puede contar hasta mil. Si se agrega un fan al día, sólo bastaría tres años. El Fanatismo Verdadero es alcanzable. Complacer a un Fan Verdadero es placentero, y vigorizante. Recompensa al artista por permanecer fiel, por concentrarse en los aspectos inigualables de su obra, las cualidades que los Fans Verdaderos aprecian.

El desafío fundamental consiste en que debemos mantener contacto directo con los 1,000 Fans Verdaderos. Ellos nos están apoyando directamente. Sea asistiendo a los conciertos que demos en nuestra casa, o comprando DVD’s en nuestra página web, o adquiriendo nuestras fotos a través de Pictopia. Así conservamos tanto como es posible el monto total de su apoyo. También nos beneficiamos del feedback directo y el aprecio.

Las tecnologías de conexión y la fabricación a pequeña escala hacen posible este círculo. Los blogs y los canales RSS transmiten noticias, próximas presentaciones o nuevos lanzamientos. Las páginas web albergan galerías de nuestras obras pasadas, archivos de información biográfica, y catálogos de parafernalia. Los fabricantes de discos, Blurb, los servicios de producción rápida de prototipos, Myspace, Facebook, y el mundo digital entero conspiran en conjunto para hacer de la duplicación y difusión en pequeñas cantidades algo rápido, barato y simple. No se necesita un millón de fans para justificar producir algo nuevo. Con mil es suficiente.

Este pequeño círculo de fanáticos a muerte, que pueden darnos de vivir, está rodeado de círculos concéntricos de Fans Menores. Estos no comprarán todo lo que hagas, y puede que no busquen un contacto directo contigo, pero comprarán buena parte de lo que produzcas. Los procesos que desarrolles para alimentar a tus Fans Verdaderos también nutrirán a los Fans Menores. A medida que consigas nuevos Fans Verdaderos, puedes añadir muchos más Fans Menores. Si sigues así, podrías de hecho terminar con millones de fans y lograr un hit. No conozco a ningún creador que no esté interesado en tener un millón de fans.

Pero la gracia de esta estrategia es afirmar que no se necesita un hit para sobrevivir. No hace falta apuntar a la cabeza corta de los bestsellers para escapar de la larga cola. Hay un lugar en medio, que no está muy lejos de la cola, donde por lo menos uno se puede ganar la vida. Ese refugio intermedio se llama 1,000 Fans Verdaderos. Es una meta alternativa a la que un artista puede apuntar.

Los artistas jóvenes que comienzan en este mundo digitalmente mediatizado tienen un camino distinto al del estrellato, un camino posibilitado por la misma tecnología que crea la larga cola. En vez de tratar de alcanzar los picos estrechos e improbables de los hits multiplatino, los bestsellers o los éxitos de taquilla, y con ello el estatus de celebridad, pueden apuntar a una conexión directa con 1,000 Fans Verdaderos. Es un objetivo mucho más sensato al cual apuntar. Ganarse la vida en vez de ganar una fortuna. Estar rodeado no de modas pasajeras y la obsesión por lo frívolo, sino por Fans Verdaderos. Y es mucho más probable llegar allí.

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