
Electropunks irlandeses se comen el mundo en 2 minutos.

De quitarse el sombrero. Ahorita me quito lo demás.
Ida Maria “I Like You So Much Better When You’re Naked”
Del álbum Fortress Around My Heart (2008)

En el principio fue Wild Like Children, o la chispa de la vida, una arrebatadora colección de eufóricas canciones que se convirtió en uno de mis discos preferidos del 2004. Entonces vino el álbum equivocado con el título acertado: Bottoms of Barrels, que es donde muchos prometedores debuts terminan después del temido “sophomore slump”, o la caída del segundo disco. Por lo menos para mí fue una desilusión. Normalmente mi reacción en estos casos suele ser echarle tierra al grupo y no hacerle más caso.
A pesar de eso, cuando apareció el video promocional con el cual se lanzaba el tercer disco del grupo, o (sí, así se llama), me dije, ya puesss, démosle una oportunidad. Lo ví, y me dije, ¿pero qué diablos es esto? ¡Este no es el Tilly and the Wall que yo conocí! ¡Este no es el indie pop del que yo me enamoré! Ni siquiera le presté demasiada atención al tema, simplemente lo deseché porque no era mi Tilly and the Wall. Fin de la historia.
¿O no? Un día, mientras escuchaba una de las cientos de canciones sueltas que había metido en mi ya maltratado reproductor de mp3 (al que desagradecidamente suelo llamar iFo, ay fó), me descubro moviendo enérgicamente la cabeza (para mis adentros, claro: soy corporalmente tímido en público). ¿Yeah Yeah Yeahs? No recordaba haber grabado nada de ellos, pero si lo eran, por fin habían vuelto por sus fueros! (Sí, actualmente tengo otro problema de desencanto con Karen O. y compañía.)
Me fijo y ¿adivinas quiénes eran?
Con razón esa percusión sonaba peculiar. Por si no sabías, los Tilly and the Wall no tienen baterista. Lo que tienen es una bailarina de tap. Esa es la marca de fábrica de la banda. Y ese zapateo que antes encajaba a la perfección con las canciones de su primer disco (pues en cierto modo equivalía a las proverbiales palmadas del indie pop), ahora se acopla de maravillas con el impetuoso rock ‘n roll de su nueva faceta.
De arrulladores a arrolladores, los Tilly and the Wall han cambiado y han crecido. Sólo falto yo.
Tilly and the Wall “Pot Kettle Black”
Los malos artistas copian. Los grandes artistas roban. Esta genial frase que se me acaba de ocurrir se aplica a la perfección a Girl Talk, un DJ que lanzó hace algunas semanas Feed the Animals, una prodigiosa combinación de samples de éxitos del pop, rock y hip hop de ayer, hoy y siempre. Este mago norteamericano del copiado y pegado se ha apropiado incluso del modelo de ventas de Radiohead, permitiendo bajar el disco al precio que uno guste, así sea cero (cifra acaso más consistente con esta estética sin ética). Por lo pronto ya han aparecido algunos afanosos que han colgado equivalentes en video que te permiten identificar a los protagonistas originales de estos postmodernos popurrís. El crimen no paga, pero sí pega.
Aquí uno de mis tracks favoritos:
Ronettes punk. ¿Dónde es la cola de los groupies?
Vivian Girls “Tell the World”
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