Archivo de Etiquetas de 'uk'

The Most con Andy Bell “Now I Feel”

Un poco de té con ácido. Bombardeo de imágenes, estallido de colores. El sueño de un melómano repleto de mujeres, de ojos felinos y nostálgicos. Perfiles por doquier en la prolongación del ideal sesentero: psicodelia visual que se apoya en la supernova inagotable de Andy Bell. Sombrillas y furia animal bajo un cielo plagado de nubes. Gocemos silenciosamente el verano.

The Most “Now I Feel” (con Andy Bell)

Francois Peglau “One Minute To Midnight Dream (So Sad)”

Peglau insiste en hacer videos para cada uno de sus singles. Nuevamente es una cámara curiosa la que va mostrando desordenadamente el itinerario del ex Fucking Sombreros, esta vez entre la realidad y el sueño, entre la calidez de un dormitorio y la placidez del océano. Las imágenes nos van descubriendo Londres, Brighton y Lima. El viaje está acompañado por una melodía y un canto que viene directo desde los sesenta, y es la que alegra el corazón de los danzantes. Se van alternando los colores y el humor: después de todo no es absurdo sentirte rodeado de zombies en Perú o en Inglaterra. La música, el baile y el mar son como siempre la mejor terapia. Y Francois se desliza con talento hacia ese refugio.

Francois Peglau “One Minute To Midnight Dream (So Sad)”

Blood Red Shoes // Fire Like This

- ¿Seguimos jugando a ser grunges?

- Como siempre, Steven, te equivocas. Ya te he dicho, menciona a Fugazi, Pixies o Sonic Youth. Si te siguen diciendo que parecemos una banda de Seattle, tú réplica con un “Gracias por darte cuenta que sonamos a The Melvins”.

- ¿Vamos a continuar gritando a los cuatro vientos que queremos poner a bailar a la gente? Porque quizá lo conseguimos, pero en los festivales. Sigo pensando que en el directo está nuestro real sonido…

- Para que lo entiendas bien rubiecito: Boonie y Clyde, Sid y Nancy, Kurt y Courtney, Dharma y Greg… O sea se encarga de registrar la tensión, la pulsión enfermiza que surge de la convivencia de nuestros egos, reproducir en un álbum el je ne sais quoi de las relaciones modernas, captar en la dinámica guitarra-bateria, en esa alternancia finita el desarraigo y la abulia del homo ludens…

- ¿Algo así como el Nevermind?

- ¿Por qué no eres como Jack White? Por último di que somos los nuevos Babes in Toyland. Podrías decir, por ejemplo, que mientras The White Stripes con su blues minimalista toca las notas negras de la América profunda, nosotros reelaboramos el lado blanco y desencantado del alma norteamericana…

- ¡Diablos! Yo pensé que hacíamos pop…

- En las conferencias tú te quedas callado, ¿ok?

Blood Red Shoes “It Is Happening Again”
Del álbum Fire Like This (2010)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Late Of The Pier “Best In The Class”

Excursión nocturna. Un baño de electrónica festiva y acelerada grabada siguiendo las reglas de Warp. La nueva sensación británica congrega vía Facebook a sus fans más entusiastas (léase groupies) y arma una pequeña juerga. Como la lección enseña, nada mejor para el morbo del espectador que formar un círculo de chicas listas para la diversión del fin de semana.  Si están para chuparse el dedo.

Late Of The Pier “Best In The Class”
Del single Best In The Class (2010)

Mejor Disco del 2009: Kasabian // West Ryder Pauper Lunatic Asylum

La artillería británica lo volvió a conseguir. Tomó lo que es suyo por justicia. Y lo hizo como siempre, sin pedir permiso, con una mezcla de soberbia y desfachatez. Remeció todo con el arma infalible que siempre tuvieron las mejores bandas de Gran Bretaña: grandes canciones. El tercer disco de Kasabian giró sin cesar durante el año que pasó. Nos hizo bailar, soñar, cantar, saltar, ladear la cabeza y devolvió nuestra fe en el rock and roll. Ni más ni menos.

Temas que sonarán en estadios, pistas de baile o en la intimidad hogareña pero que no nos dejarán definitivamente indiferentes. Guitarras afiladas, bases electrónicas, arreglos que parecen extraídos de alguna banda sonora de Morricone. Actitud y melodías que en un flashback delirante nos traen a la mente la riquísima tradición británica que desde The Who a Primal Scream inquietó las hormonas y expandió los sentidos de generaciones ávidas de la excitación y el descontrol que solo una banda de rock puede provocar en una alma adolescente.

De “Underdog” a “Happiness” (con semejantes títulos cómo no prestarles nuestra atención) Kasabian se maneja con una soltura impresionante por todos los registros. Puede sonar con la potencia descomunal de un grupo que arrollará con sus singles en Glastonbury, para luego componer atmósferas más bucólicas y contemplativas. Himnos para ser coreados por mareas humanas que buscan desesperadamente la evasión o piezas delicadas que resuenan como un mantra en tus oídos. Coqueteos con el gore o el spaghetti western, y la marcada debilidad que los ingleses siempre han tenido por las tonadas orientales y el gospel esbozan una aproximación a este depurado mosaico musical. Un disco que desestabilizó nuestros corazones y alborotó nuestros pies. La simple y prístina belleza de un “She’s my baby… He’s my baby”, (acaso la frase más trillada en la historia del pop) que suenan aquí como si nunca antes hubieran sido entonados.

Una declaración de principios brillante y sensual. West Ryder Pauper Lunatic Asylum significa el retorno de la provocación al rock británico. Nuevamente el caos y la catarsis no son un remedo estéril y lleno de clichés, sino un espacio para soñar y renovar la esperanza (utópica) en la música como revolución.

Kasabian “Secret Alphabets”
Del álbum West Ryder Pauper Lunatic Asylum (2009)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Gabby Young & Other Animals // We’re All In This Together

Un carnaval se ha formado alrededor de una beldad pelirroja, esbelta presencia de inacabable y geométrico peinado. Gitanos y payasos lanzan al aire todas sus suertes. Un trovador se anima a recitar una pícara copla dispuesto a engatusar a la primera ingenua que aparezca en su camino. Ella se mantiene callada y contempla con atención toda la vorágine y desenfreno que la envuelve. En un momento toma el megáfono y su voz origina que todos los antifaces de la fiesta caigan de los rostros. Gabby Young ha revelado la verdad y toda la fauna, postrada a sus pies, la escucha en silencio.

Acabada la jornada en el cabaret, los empleados se preocupan por devolver las sillas a sus lugares y a los borrachos a las calles. Una luna antojadizamente enmarcada en lo alto lleva algo de luz al salón prácticamente en penumbras. Las chicas que aún no han retornado a sus habitaciones beben los últimos sorbos de licor a tiempo que acomodan sus portaligas para el próximo encuentro con la pista de baile. La banda improvisa sin apuro alguna tonada que acompañe el amanecer entre volutas de humo y miradas perdidas que observan como las bocanadas se estrellan contra el vacío. Una voz rompe la monotonía y se adueña del espacio. Cobija a todos en su regazo, y guía a esas almas oscuras entre las copas que se agitan al compas del jazz. Amenaza el sol con cubrir ese ambiente olvidado. La música no cesa y todos creen escuchar una grabación de Elle Fitzgerald. El canto proviene de la barra: unos rizos que dibujan arabescos deliciosamente caprichosos son la fuente de la hipnosis. Cuando finalmente amanece, un rojo eterno se proyecta en toda la sala.

Jeff la sigue sin descanso por todo Londres. Ella no cede a los ruegos del cantante, y no detiene su marcha sin mirar atrás. Su voz la estremece, pero sabe que no puede dejarse arrastrar por la llamada tentadora de los dioses. No debió cantar nada en el pub, ahora lo entiende muy bien. Su fijación por Grace la está llevando a límites insospechados. Pero ella se siente desnuda al piano cada vez que toca cualquier canción de él. Esta tarde la acompañaba. Creyó escuchar que le pedía una plegaria o quizá una caricia. Cuando sintió que unos dedos inquietos jugueteaban con su cabello salió corriendo hacia la calle. Los susurros la siguen acompañando incluso en su cuarto y se van convirtiendo en melodías reconocibles. Anula cualquier tipo de pensamiento y decide abandonarse por completo cuando él le dice: “Kiss me, please, kiss me… and made me your animal.”

Gabby Young & Other Animals “We’re All In This Together”
Del álbum We’re All in This Together (2009)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.